Nota del editor

ÁFRICA: MÚSICA Y COLOR, FASCINACIÓN Y OPTIMISMO

 

El hombre y la mujer africanos se caracterizan por su relación estrecha con la música y el color como formas de expresión viva y manifiesta, cualidades que expresan su fascinación y el optimismo ante las adversidades, así como su peculiar manera de ser y de disfrutar en el entorno social en que viven desarrollándose como personas, individuos o colectividad.

 

 

En tal sentido, la alegría de vivir y el anhelo perenne por escudriñar el lado óptimo de las cosas siempre esbozando el ritmo de una canción o una sonrisa espontánea y diáfana, constituyen, ¡qué duda cabe!, la fuerza motriz que a lo largo de la historia ha ido forjando lo que en la actualidad constituye la idiosincrasia africana en toda su plenitud y arraigo.

 

 

Afrontar las adversidades viendo en ellas no fracasos estrepitosos sino nuevos retos a los que hay que superar inexorablemente hacia un futuro prometedor y halagüeño da sentido a lo que pudiera interpretarse como el secreto de un Pueblo -el Pueblo africano- tan acostumbrado a la lucha por su propia pervivencia desde el amanecer de los tiempos.

 

 

En circunstancias aludidas, la música y el color son elementos ambos dos que, como el ADN en la estructura intrínseca y constitutiva de los seres, han dado sentido y perspectiva en el desempeño de cualquier actividad a la que el individuo africano a diario haya tenido que adoptar para sacar a relucir su capacidad de superación.

 

Sólo así puede explicarse el que los africanos de uno u otro sexo lograsen sobreponerse tras las etapas más lúgubres de su historia común consistentes en la horripilante esclavitud primero y en el colonialismo despiadado posteriormente, que tras de sí dejaron una estela sórdida en forma de miserias y desajustes históricos.

 

Por si no fuera ya suficiente lo dicho, África mediante su personal indígena también ha contribuido en el progreso de otras partes del mundo, propiciando a favor de éstas un aporte nada desdeñable, como mano de obra barata (esclavos o “trata de negros” y colonizados explotados), la cultura y las artes en sus múltiples modalidades exportadas todas ellas desde el Continente Negro hacia pueblos y países dejando en ellos una impronta muy difícil de soslayar, mientras que ella misma permanecía lánguida y esquilmada, casi en situación meramente marginal, contemplando impotente el desarrollo integral y sostenible de otros Pueblos y Naciones a lo largo y ancho del planeta tierra.

 

 

En el entorno del individuo africano la música y el color forman parte de una fuente de inspiración de la que éste se nutre para soñar, pensar, crear…, en total para todo. Y a la hora de valorar esos elementos él procura hacerlo sin limitarse a escuchar y contemplar para el disfrute ocasional y personal desde la distancia, más bien los asume como partes integrantes de su ser y a las que atribuye una connotación prácticamente mágica. Para él éstas son una realidad real que no virtual a la que puede experimentar, oler y vivirla como nadie en su privacidad o en colectividad.

 

 

A diferencia de otras partes del mundo, la música y el color en África son algo que trasciende lo meramente ceremonial y artístico para alcanzar una dimensión que define y da sentido al hecho vinculante e ineludible de ser africano o africana, a su idiosincrasia en su sentido más puro, estricto y definitorio.