Nota del editor

GUINEA ECUATORIAL HOY

Muchos países africanos (una mayoría holgada), a fecha de 2019, por derecho propio, se constituyen como Estados soberanos, dinámicos y decididamente resueltos. ¡En absoluto Estados fallidos!. Todo ello ante el insulso desdén por parte de determinados activos económicos y políticos de otras latitudes. Por su parte, hoy Guinea Ecuatorial registra cotas de desarrollo socioeconómico nada desdeñables, las más altas en toda su historia, merced a un laborioso programa político, así como su saber hacer en materia de la administración de la Res Publica.

 

Dentro de una coyuntura política en la que el respeto y la consideración de los derechos individuales de la ciudadanía constituye la aspiración máxima de un sistema de gobierno en constante mejora, Guinea Ecuatorial, como todo Estado independiente y moderno que se precie, sitúa entre sus prioridades ineludibles el desarrollo integral y sostenible de todas sus estructuras sociales en toda su variedad.

 

Contra viento y marea, Guinea Ecuatorial durante décadas se ha permitido enmarcar ella misma sus propias señas de identidad las cuales son hoy respetadas y hasta elogiadas sin tapujos en el concierto de las naciones. Ella es a fecha de hoy un Estado libre y soberano que, lejos de actuar como simple convidado de piedra, en los foros internacionales goza de un peso específico y habla con voz propia, además de asumir con determinación y aplomo responsabilidades de gran relevancia dentro de organismos internacionales de gran calibre. 

Mediante la formulación política conocida como ensayo democrático, en la actualidad aplicable en el país, Guinea Ecuatorial es capaz de ofrecer a su ciudadanía un sistema democrático viable y realista, partiendo del principio de que “la democracia no es un artículo de importación” sino más bien algo que debe aplicarse de conformidad con la idiosincrasia y las concomitancias propias del entorno vital de cada sociedad o pueblo.

 

A modo de cerrada crítica a la frivolidad de ciertos plumíferos, un tanto desalmados ellos, me reafirmo en la consideración de que es un despropósito de tamaño mayor comparar Guinea Ecuatorial con Afganistán, Corea del Norte o similares, tal como a menudo lo hacen aquellos que, por intereses inconfesados, tratan de echar inmundicias sobre el pueblo ecuatoguineano y sus instituciones, siempre que tienen ocasión para ello y sólo porque les conviene.

 

Ante tamaña impostura, que por cierto dice muy poco de la catadura moral de individuos con semejante nivel de apatía, incapaces de mostrar conmiseración alguna hacia otros individuos humanos que sufren conflictos bélicos y viven en carne propia las inclemencias de los desplazamientos forzosos que, para el colmo de los males, se mofan de ellos esgrimiendo argumentarios tan prosaicos. Que ya quisiera la sufrida ciudadanía de esos pueblos y países disfrutar de la paz, la estabilidad y el desarrollo socioeconómico existentes en Guinea Ecuatorial hoy.

Entre los avances registrados en Guinea Ecuatorial en la actualidad, sobresalen por su importancia y necesidad los que ponen la igualdad de géneros en el punto focal en la agenda política del Estado. Pues la nueva visión política de la actual Administración del país respecto de la mujer ecuatoguineana (quien durante la etapa colonial y poco después fue un tanto infravalorada por su natural condición), es hacer de ella un componente a tener en cuenta en igualdad de condiciones con los hombres, haciéndola asumir dentro de la Administración pública funciones otrora vetadas a ella.

 

Con el fin de superar los muchos retos que a diario tiene que afrontar la ciudadanía africana dentro del continente, la paz y la ausencia de conflictos constituyen garantía inexorable para el desarrollo integral y sostenible de África en su conjunto por ende un terreno adecuadamente abonado para un sistema democrático real y no virtual.

 

 

Considero que es una verdad de las del tamaño de un templo aquello de que, a cierta edad en la vida de una persona, poquísimas cosas hay que dan miedo y asustan. Y a los panafricanistas de pro que dan lo mejor de sí mismos por erigir un panafricanismo sustancioso y veraz, les debemos la historia más genuina de África. A modo de reconocimiento por su azarosa labor, si bien a cambio no reciben más que sinsabores e improperios por parte de incautos, denotar que sólo Dios, la historia y el continente les adjudicarán un juicio equitativo y sosegado. Por ellos y por ellas, nuestra gratitud infinita.