Nota del editor

LA CATEDRAL METROPOLITANA DE SANTA ISABEL DE MALABO, SÍ MERECE LOS DOS MIL MILLONES DE FRANCOS CFA DONADOS PARA SU REHABILITACIÓN Y MANTENIMIENTO EN EL TIEMPO

 

Soberana sevicia es pretender que las personas de bien de las que sí está colmado el mundo, se adjudiquen como verdad sagrada la falacia de que en el ejercicio de la actividad política por doquier todo cabe. Incluso parece valer bien poco en vano intentar demostrar que, en eso de la obtención mezquina de réditos propios algunos se toman demasiado en uso la mentira cochina y el ensañamiento en el momento de ir a por el infeliz adversario de turno.

 

Certifico, e incido en ello sin miedo a equivocarme, que a nadie beneficia ser condescendiente en demasía con individuos tales quienes, adoptando a sabiendas la impostura flagrante de desvirtuar la praxis de la noble actividad política, deciden por su cuenta y riesgo optarse por la inmoralidad y la ética nula, y pretender de este modo ganarse el pan aplicando la ley del mínimo esfuerzo; atalaya desde donde se creen por encima del bien y del mal, y sin velo ni reparo esparcen la impudicia sobre los destinatarios infortunados de su improperio y desidia. Se trata en todo caso de un entorno de gente sin alma ni escrúpulos, un tanto reticente a conocer la realidad real y no virtual cazada al vuelo de la especulación mediática, dada quizás también a intereses turbios e inconfesados.

 

No hace mucho, en un medio de difusión español, un político de los de la oposición radical ecuatoguineana, un tanto iracundo se arremetía contra el Estado de Guinea Ecuatorial todo por haber desembolsado éste 2 mil millones de francos CFA (unos 3 millones de euros aproximadamente), como parte sustancial de los 3 mil que son necesarios para la rehabilitación y el mantenimiento de la Catedral Metropolitana de Santa Isabel de Malabo, que es de estilo neogótico y posiblemente la única edificación en África que para su diseño se contó en su momento con el asesoramiento personal del insigne arquitecto hispano-catalán, Antoni Gaudí (1852-1926).

 

La Catedral Metropolitana de Santa Isabel de Malabo, ubicada en el casco histórico de la ciudad capital de Guinea Ecuatorial, que acaba de cumplir 103 años de existencia, por razones de sobra obvias, es toda ella un monumento nacional orgullo arquitectónico del país, y su rehabilitación y mantenimiento en el tiempo trascienden toda ideología política o credo religioso habidos y por haber. Sugerir lo contrario de lo que constituye el argumentario sustraído del sentimiento de la ciudadanía, solo porque alguien de repente se vea invadido por un inoportuno anticlericalismo soterrado y rancio, es cuando menos una memez de dimensiones inconmensurables propia de alguien que no tiene dos dedos de frente; alguien desde luego del todo indigno de representar a Guinea Ecuatorial en ninguna parte del mundo, ni como político ni mucho menos como algo más.

 

Una cosa lleva a la otra. Ahora resulta que pululan por estos mundos de Dios los que hablan de los países soberanos en África como estados fallidos y sugieren la recolonización del continente negro por los mismos que habiendo permanecido durante centurias en África, luego la dejarían mucho peor que estaba. Algunos hasta han puesto en entredicho la frenética lucha contra el colono despiadado e invasor llevada a cabo por líderes africanos de toda la geografía continental. Una lucha que estuvo basada en la reivindicación de la dignidad y los derechos fundamentales de los africanos y africanas como personas y como pueblo.

 

 

Los hay que en vano se jactan y se empeñan en escribir la historia de África pretendiendo que de África y sus moradores saben ellos más que los propios africanos. Resulta harto atrevido a más no poder un hecho como el que, pocos meses atrás, toda ella una catedrática de postín de una afamada universidad española, en los prolegómenos de una tertulia en la que el tema era sobre África, precisamente, y donde ella hacía de maestra de ceremonias, supongo. La buena señora, ni corta ni perezosa, con cierta sorna se refirió a Guinea Ecuatorial como “ese pequeño país norteafricano de economía reducida…”, y resulta que la Guinea Ecuatorial es un país ubicado en África Central. Con erratas como estas, cuesta pensar que sobre África pueda hablarse en serio en ninguna parte más allá de sus márgenes. ¡No hay quien dé más!

 

Yo que día a día, fruto de mi experiencia vivida, me convenzo a mí mismo de la capacidad de gestión de los africanos en cualquier dominio de la vida y del saber, he llegado a la feliz conclusión de que no es necesario recurrir a remedios foráneos para encontrarle solución a cualquier desaguisado político o similares que puedan tener lugar no importa en qué parte del continente. De ahí que es poco menos que patético el comportamiento de algunos habituados a moverse allende los mares jugando a escarceos políticos de poca cuantía. Su falta de tacto y sensibilidad incluso les impide percatarse de que sus anfitriones tienen que darles solución a los problemas de su propia ciudadanía que para eso los ha elegido. Apenas si les queda hueco para sobrellevar el engorro de un politicastro tercermundista quejica y pedigüeño, incapaz él de entablar un diálogo mínimamente constructivo con la clase política en su propio país.

 

Me considero adulto e inteligente, cualidades de las que tanto los negros como otros llevamos disfrutando por igual desde la noche misma de los tiempos, por más que algunos durante centurias se empeñaran en convencernos de lo contrario; y en la política al igual que en las cosas de comer, como que me da cosa eso de que me quieran dar gato por libre. Pues ciertos individuos salva-patrias se dedican a pedir protección y amparo, y reivindicar solo Dios sabe qué intervenciones furibundas para “resolver” menesteres institucionales dentro del país. Así le fue a la primavera árabe y sus daños colaterales prácticamente nefastos en los países afectados y su entera ciudadanía, los cuales a la vista de todos están.

 

Ante tamaño despropósito, yo me pregunto: ¿Es que soy el único que se ha dado cuenta de que Guinea Ecuatorial ya es un país libre, soberano e independiente?, por tanto dueña y señora de su propio destino. 

 

Razón tenía nuestro llorado Nelson Mandela cuando decía: “Si el desarrollo del pueblo africano en su propio país no hubiera sido interrumpido por la llegada de los blancos, se habría producido un desarrollo igual al de Europa y al mismo nivel, sin ningún contacto con nadie”.