LA REVISTA PANÁFRICA: CAMINO DE TRES LUSTROS AL SERVICIO DE UNA INFORMACIÓN REAL QUE NO VIRTUAL SOBRE EL CONTINENTE AFRICANO

A mí nunca me dolieron prendas, toda vez que he tenido que reconocer por doquier que en el continente africano queda aún mucho por hacer, concretamente en lo relacionado a las mejoras inherentes y precisas con miras a su desarrollo integral y sostenible. Sin embargo, el tesón y la determinación mostrados a lo largo de los últimos decenios por la generalidad de los pueblos de África en esa dirección —algo vivido en carne propia como testigo privilegiado de excepción— bien merecen, sin ningún género de dudas, un franco y plausible reconocimiento por parte del resto de la clase política global. 

 

Indigna, sin embargo, percatarse de que el mayor afán de ciertas personas desde otras latitudes, a la hora de ponerse a analizar las realizaciones de la clase política africana, es encontrar perfección absoluta en los recovecos más nimios de aquello que no es sino una actividad humana en toda regla, susceptible por tanto de imperfecciones propias de cualquier proceso evolutivo en el tiempo. Susodicha actitud, que resulta demasiado recurrente en esas personas que, para el colmo de la desfachatez, en gran medida adolecen del conocimiento exhaustivo en lo referente a la actividad cotidiana de la clase política africana, en lo que va de la fecha de inicio de la emancipación de los pueblos de África hasta nuestros días.

 

En infinidad de ocasiones, con no menor insistencia se me habrá oído airear impertérrito en pro del establecimiento de un diálogo permanente, sosegado y constructivo entre diferentes líderes políticos africanos. Un diálogo que debería ser franco y sincero orientado a solventar con sensatez aquellos problemas que dificultan nuestra convivencia en paz y constituyen un serio óbice para el desarrollo socioeconómico y cultural en África. En ese diálogo donde cada uno de los implicados, sin acritud ni estridencias,  contribuya con lo mejor de sí mismo con el fin de conseguir el bien común para la entera ciudadanía africana,  sin que en todo ello primen las ideologías políticas, motivaciones étnicas, credos religiosos o similares.

 

Reescribir nuestra propia historia no es una alternativa caprichosa sino más bien una obligación perentoria que nos incumbe por igual a los africanos de pura cepa. Pues no haciéndolo de esa manera, pocas posibilidades hay a que ocupemos el sitio que nos corresponde en el concierto de las naciones, donde corresponde que nuestra realidad histórica sea conocida y transmitida a las futuras generaciones con desapasionamiento y realismo.

 

Si la historia de África no tiene en los propios africanos a sus protagonistas, evidentemente corremos el riesgo de que otros nos usurpen el lugar que nos corresponde por derecho y, a su vez, realicen tamaña labor por nosotros pero de manera torticera y tergiversada como es habitual. Pues sabido es que éstos, con frecuencia se pierden en disquisiciones interesadas, eludiendo en todo momento relatar de manera fehaciente los acontecimientos en torno a dicha historia sobre cómo la vivieron nuestros ancestros durante centurias largas de esclavitud y colonizaciones. De aquellos polvos los actuales lodos.

 

Con el pasar de los años, los africanos nos hemos acostumbrado, mal que bien, a ser carne de cañón y piezas de caza mayor para cualquier ‘señorito’ de turno; y después de atribuírsenos el dudoso apelativo de ‘minoría de edad’ perenne, siempre hubo alguien que por su cuenta y riesgo quisiera pensar y decidir por nosotros, sin que en ello en absoluto importaran  nuestras propias valoraciones ni mucho menos nuestras apetencias. Hoy, más que ayer, viene a colación el sabio proverbio africano que dice: "Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador". Con razón, Chinua Achebe, el más grande escritor nigeriano de todos los tiempos decía: “También el león debe tener quien cuente su historia. No solo el cazador”.


GUINEA ECUATORIAL: DE HUMILDE Y RECATADA CUNA AL OLIMPO MISMO DE LOS “DIOSES” DE LA POLÍTICA GLOBAL

Pocos países hay en el mundo como la República de Guinea Ecuatorial la cual, en su corta pero intensísima trayectoria de una actividad política fraguada a base de avatares y superaciones constantes, cuya ciudadanía puede al fin celebrar con apasionamiento y veneración sus bodas de oro como Estado soberano y libre, haciendo gala de una personalidad imbatible y disfrutando de merecida admiración y respeto, por parte de muchos más allá de sus confines.

 

Hacia Guinea Ecuatorial podrá albergarse sentimientos diversos, pero jamás ninguno de los cuales implicará frialdad ni indiferencia. Y en relación a los hechos encaminados a mejorar las condiciones de vida dentro del territorio nacional en el tiempo transcurrido desde su accesión a la independencia el 12 de octubre de 1968, resulta justo y necesario reconocer que todos los esfuerzos desplegados en esa dirección son producto de una contribución colectiva al amparo de un liderazgo hábil y eficiente, en todo momento consciente Él de lo  mucho que tenemos en común y nos hace uno y fuertes así como de aquello que nos divide y enfrenta, en total nos debilita considerablemente, sin que en todo ello importe la ideología política o credo religioso alguno.

 

De ahí que hacer de nuestro país un recoveco de paz y sosiego como condición sine qua non para su desarrollo integral y sostenible, en el marco de un diálogo constructivo y permanente, no es una opción sino una obligación a la que ningún ciudadano de bien puede eludir. Loable tarea que es de todos, por la cuenta que nos tiene por igual.

 

Cabe esperar que existan opiniones y reacciones encontradas sobre el tema que hoy nos ocupa, dependiendo en todo caso del modo personal de emitir los juicios de valor de cada cual. Sin embargo, ante una realidad real que no virtual, el hecho es que hasta hace bien poco ecuatoguineanos de toda clase y condición compartíamos por igual el triste y dudoso honor de ser ciudadanos de uno de los países más pobres y desestructurados de la tierra. Hoy en día, ¡qué duda cabe!, somos por razones obvias uno de los objetos de deseo más codiciados en el concierto de las naciones, gozamos de personalidad plena y nos expresamos resueltos y con voz propia en todos los foros internacionales, le pese a quien le pese, le duela a quien le duela.

 

Si en la fecha del día 12 de octubre de aquel ya lejano 1968 y a lo largo de los 11 años que siguieron inmediatamente después -los cuales significaron devastación y miseria para el país y su entera ciudadanía-, a alguien se le hubiera ocurrido predecir mínimamente lo que iba a ser Guinea Ecuatorial a fecha de hoy -un país próspero con instituciones democráticas propias a pleno rendimiento-, habrían tachado sus insinuaciones de descabelladas y absurdas cuando no propias de alguien rematadamente loco.

 

Si existe algo sobre el que toda la ciudadanía ecuatoguineana, o por lo menos una holgada mayoría de ella, guarda común avenencia y concierto es el hecho de  que el nuevo rumbo adoptado por el país desde aquel día 3 de agosto de 1979 ha resultado ser un acierto en toda regla, teniendo en cuenta que merced al cual no sólo pudimos recuperar todos los derechos perdidos durante el régimen anterior sino que, además, pudimos establecer los mecanismos que han permitido introducir, en tiempo relativamente corto, mejoras significativas en el nivel de vida dentro del país así como la percepción de un futuro que por ende se antoja cada vez mejor en relación al desarrollo sociocultural pleno de la República de Guinea Ecuatorial como Estado moderno, independiente y soberano.

 

Resulta pues absurdo y hasta cierto punto pueril pretender ignorar nuestro propio potencial para llevar a efecto, sin acritud ni estridencias, actividades que contribuyan en el progreso y bienestar de nuestro país en su conjunto. Sin embargo, por esas cosas raras de la vida, algunos sí parecen no estar por la labor y se empeñan en aspirar a que un día cualquiera en el suelo patrio hagan acto de presencia especie de fuerzas ocultas y misteriosas que supuestamente con su "actuación" nos saquen las castañas del fuego. ¿Tal vez también para someternos como antaño durante la etapa colonial, por cierto, de tristísima recordación?


ÁFRICA: IMPERFECTAMENTE COLONIZADA, DE MANERA ANÓMALA EMANCIPADA. UN LASTRE CAMINO DE ENMENDARSE