DESLUSTRE EN LA PENUMBRA: TRANSPARENCY INTERNATIONAL Y SHERPA, DOS PODEROSAS RAZONES PARA DUDAR

La visceralidad y la sobreactuación, así como la verborrea desaforada en temas de dudosa consistencia, que vislumbran como único fin primordial fustigar al contrario solo porque sí, convierten a las personas en meros charlatanes de feria e incapaces cuando menos de inspirar credibilidad y confianza entre la ciudadanía. En tal sentido la pesadez y el hastío alcanzan cotas tan altas de desazón y rechazo que hasta se les niega el interés más trivial, por entender que proceder de esa guisa advierte estar bajo el influjo inapelable de la falsedad y el engaño extremados.


No me duelen prendas en admitir que todos hemos sido o seremos, alguna vez en la vida, víctimas inoportunas de golfos que, aprovechando un despiste ocasional, tratan de vendernos humo y algo más, y bajo una sobrevalorada apariencia de filántropos entregados a menudo nos ofrecen la verdad virtual que no real, basando su confabulación en la inventiva, el griterío y la mentira cochina, como si el resto de los mortales para ellos no fuéramos sino botarates de tomo y lomo.


En el ejercicio de la noble actividad política, demuestra ser pésimo perdedor aquel que en lugar de reconocer la victoria del adversario ganador y el fracaso personal como perdedor cuando procede, se empecina en poner el mundo por montera, arremetiendo contra todo lo que encuentra a su paso, mientras emprende una huida hacia ninguna parte.


Denota escasa disponibilidad e inteligencia deficiente para el ejercicio de la actividad política, eso de mezclar las churras con las merinas -hoy política, mañana negocios y similares-; práctica muy recurrente entre adeptos de la oposición política radical ecuatoguineana, por cierto, un tanto 'aficionados' a imitar de forma burda la manera de hacer política en otras latitudes allende los mares, como si en África a estas alturas precisáramos de 'supervisores' foráneos que nos instruyan sobre cómo poder sobrevivir políticamente en nuestros Estados. Y por esas cosas raras de la vida, a menudo se les ve a ellos formando extraños compañeros de cama, todo con tal de hacer el mayor daño posible, moral o físico, en la persona del adversario político de su propio Pueblo o Nación.


El devenir de los recientes acontecimientos en París nos desvela un dato cuando menos inquietante; y es que una holgada mayoría de adeptos de la oposición política radical ecuatoguineana sigue creyendo, por desgracia, en aquello que tanto se nos achacaba  durante la etapa colonial: ¡La perenne e irremediable minoría de edad intelectual del negro! De ahí que éstos no dudan en asociarse con individuos que disparan con munición gruesa con tal de fustigar inmisericorde al oponente político de turno. A día de hoy, visto lo visto en fechas recientes, a nadie le cabe la menor duda de que sus motivaciones en vez de ser genuinamente políticas, obedecen a intereses espurios muy lejos de los de los pueblos del continente africano y demasiado cerca de los de sus amiguetes y allegados de turno.


Resulta penoso a la vez que tragicómico contemplar a una caterva de opositores políticos ecuatoguineanos, acudiendo en tropel en los entornos y claustros del Palacio de Justicia en la capital gala, en una escena bochornosa y surrealista, y parlamentando como si tal cosa sobre temas que en nada tienen que ver con sus habilidades en materia de la política nacional ecuatoguineana propiamente dicha. Todos ellos movidos únicamente por el rencor y el resentimiento hacia la imagen personal del Vicepresidente de la República de Guinea Ecuatorial. Qué mal les deben ir las cosas a nuestra paisanía opositora, hasta el extremo de que sesudos políticos de antaño ahora convertidos en simples atláteres de la parte acusadora, sin el menor atisbo de personalidad propia que llevarse a la boca.


Hablar de los "bienes mal adquiridos" -les biens mal acquis-, que a los gabachos se les da por hablar tanto en los últimos tiempos, y por los que Transparency International y Sherpa, pese a no dar visos de transparencia y pulcritud ninguna en sus procedimientos habituales en esa dirección, se han autoproclamado por su cuenta y riesgo defensoras a ultranza de los 'descamisados' del sufrido continente negro, aunque por ello tengan que saltarse a la torera toda una legislación internacional vigente en materia de la inviolabilida de la soberanía e independencia de los Estados. Después de siglos de una colonización brutal y despiadada en África, "¡a buenas horas, mangas verdes!"


Llegado a este punto, en relación a los susodichos bienes mal adquiridos, una pregunta flota en el aire y exije desde ya respuestas claras y contundentes. Que se sepa, sigue sin salir a la luz el destino final de los bienes encautados -en especies o en metálico-, pues nos consta que sí se encautó a plena luz del día unos bienes pertenecientes al Estado soberano de la República de Guinea Ecuatorial.


A juzgar por la aparente complicidad registrada entre la oposición radical ecuatoguineana y Transparency International y Sherpa, los líderes políticos de dicha oposición ecuatoguinena, por pura honestidad y coherencia, están obligados a responder ante el Pueblo de la República de Guinea Ecuatorial y dar una explicación creible en relación al destino final de esos bienes encautados que por derecho le pertenecen única e íntegramente a la ciudadanía ecuatoguineana.


OPTAR POR UN CAMINO EQUIVOCADO

Muy poco o nada puede esperarse de aquella clase política ecuatoguineana, carente en todo caso del necesario aplomo y talante para mantener diálogo alguno constructivo en el Parlamento nacional, pero que a sus líderes con demasiada frecuencia se les ve pululando por las calles de Madrid, París, Londres y similares, lanzado diatribas mesiánicas por doquier en forma de denuncias desaforadas -como si de damiselas despechadas se tratara-, contra las instituciones votadas democráticamente por una holgada mayoría de conciudadanos en su propio país.

 

 

Éstos que creen tener patente de corso para fustigar a todo aquel que no comparte su extraña y particular visión de la praxis democrática, sepan de una vez por todas que ellos de valientes nada de nada; y si los demás seguimos manteniendo el tipo, pese a sus exabruptos contra sus adversarios políticos, es porque somos gentes de bien que vemos en la paz y la concordia entre los ciudadanos la garantía de un futuro prometedor para el conjunto del continente africano.

 

 

Evidentemente, su descabellada actuación es propia de políticos de medio pelo para quienes la República de Guinea Ecuatorial, lejos de ser un Estado independiente, soberano y libre, es algo así como un coto privado aún bajo los dictámenes de la antigua metrópoli, a la que, además de rendir pleitesía de tarde en tarde, hay que recurrir para solventar cualquier entuerto en materia de política interna.

 

 

Estremece, ¡qué duda cabe!, pensar que estos supuestos políticos sean a fecha de hoy incapaces de entender que hace poco menos de media centuria que se rompió aquel cordón umbilical que en su momento uniera a la antigua colonia española con su en otros tiempos potencia colonizadora. Si este fuera mínimamente el caso, ya es hora de que la ciudadanía ecuatoguineana de cualquier clase y condición -sin que en ello importen la ideología política ni el credo religioso de cada quién- empiece a plantearse seriamente si antes de votar no sería aconsejable informarse sobre la idoneidad de los políticos a los que otorgamos nuestro voto en las elecciones para que nos representen.

 

 

Guinea Ecuatorial se merece una clase política que la defienda ante los foros internacionales que no aquella que esparce inmundicia sobre ella constantemente para obtener rentabilidad personal. Por tanto, descartar aquellos políticos ineptos y desabridos que no aportan beneficio alguno al país, sino que se dedican única y exclusivamente al follón y a la estridencia, boicoteando todo proyecto del Gobierno, sin que ofrezca ninguna alternativa con vistas a mejorar las cosas, es obligación moral de todo ciudadano ecuatoguineano amante y defensor de su pueblo.

 

 

Últimamente está proliferando en nuestro país una clase política cuyos adeptos, lejos de cumplir con su cometido para con la ciudadanía en el Parlamento nacional, se han aficionado a viajes de mucho lujo por el mundo.

 

Mantengo que es una memez del tamaño de un castillo y una falta de coherencia política en toda regla, que todo un líder de un partido político votado democráticamente por los ciudadanos de Guinea Ecuatorial, se haya presentado como si tal cosa ante el Parlamento español en Madrid para precisamente criticar la actuación del Gobierno de su país; todo aquello sin la anuencia del Parlamento de la República de Guinea Ecuatorial. Individuos de tal calaña son indignos de representar al noble pueblo de Guinea Ecuatorial tanto dentro como fuera de él.

 

En lo que a la actividad política propiamente dicha se refiere, todo político hecho y derecho debería ofrecer a la ciudadanía algo más que palabras huecas envueltas en un halo de populismo y demagogia. De ahí que a priori resulta poco probable esperar nada mínimamente útil de un líder político agitador, lenguaraz; desdentado e incapaz de proporcionarse a sí mismo una simple prótesis dentaria para adecentar su cavidad bucal que tanta falta le hace. Siempre se ha dicho que la caridad debería empezar por uno mismo.

ndo como en ninguna otra época de la historia africana los derechos individuales de la ciudadanía.


COMITÉ DE LOS DIEZ (C-10) DE LA UNIÓN AFRICANA: ENCOMIABLE Y PERENTORIA REIVINDICACIÓN ANTE UNA INCONGRUENCIA HISTÓRICA

De los 193 Estados soberanos que, a fecha de 2017, como miembros conforman la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 55 de ellos pertenecen al Continente Africano solamente, mientras que los 138 restantes se distribuyen de manera desigual entre las demás regiones esparcidas allende las fronteras geográficas de África. Lo dicho, de entrada, atisba la certidumbre respecto del peso específico que África, con sus ya más de 1.300 millones de habitantes, debería tener (lo que en la actualidad sigue sin ocurrir) cuando menos, en la toma de decisiones que la afectan directa o indirectamente, en el seno del magno Organismo plurinacional con Sede en Nueva York (EE. UU.)

 

¡Qué duda cabe!, pues resulta un tanto inarmónico y en absoluto chirriante que la ONU, la mayor Organización Internacional existente, la cual otrora tanto hiciera por los Pueblos oprimidos de África al ayudarles a desligarse del yugo colonial en su reconquista de la emancipación perdida, tantas veces ninguneada y pisoteada por el sistema colonial durante centurias de vasallaje y miseria, a simple vista nos parezca que ahora esté dando visos de permanecer impasible y esquiva ante un hecho manifiestamente arbitrario y desabrido como es que el Continente Africano, en pleno siglo XXI carezca de voz y voto dentro de su máximo órgano decisorio cual es el Consejo de Seguridad. Este poderoso órgano donde el Continente Negro es tratado algo así como un decadente y macilento convidado de piedra en el mejor de los casos, aun cuando se esté tratando de escudriñar en asuntos de mayor calado que afectan a la pervivencia misma de su integridad física o territorial, o a los múltiples conflictos de cualquier índole que asolan a sus Estados y por ende al conjunto de sus gentes.

 

El hecho de que África se vea prácticamente excluida del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas desde la creación de este último, lleva a pensar que ella ha sido intencionalmente desposeída de las prerrogativas que le son propias por derecho, y que actuarían de acicate a la hora de defender los intereses del conjunto de los Pueblos de que se constituye, ante el todopoderoso engranaje de la Comunidad Internacional, partiendo de la propia cosmovisión que implica todo un acervo cultural de raíces milenarias.

 

Esta loable tarea, del todo justa y necesaria, por desgracia se encuentra hoy por hoy fuera del alcance del Continente Africano para poder llevarse a efecto, al no incluirse éste entre los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU con Derecho al Veto como son: Los Estados Unidos de América (en el Continente Americano), el Reino Unido, la República Francesa y Rusia (en el Continente Europeo), y la República Popular China (en el Continente Asiático).

 

El Derecho al Veto, del que sí disfrutan otros continentes a manos llenas, sin duda alguna se ha convertido en un arma poderosa y decididamente eficaz en manos de sus virtuales titulares, a la hora de defender intereses propios y de tomar aquellas decisiones muy capaces de perfilar el Nuevo Orden Mundial. Decisiones que, evidentemente, tienen poder y arrojo suficientes cuando toca trazar a voluntad la fina y desdibujada línea divisoria que hay entre la pervivencia y el descalabro o 'aniquilación' de entidades humanas con formas de Estados soberanos, Países o Pueblos, sobre todo en lo que aquéllas poseen como producto de su propia idiosincrasia.

 

Nada baladí hay pues en el respaldo unánime e incondicional al que los Pueblos Africanos le deben a la azarosa labor del Comité de los Diez de la Unión Africana; respaldo que debería cobrar mayor ímpetu y contundencia aún si cabe, entre los líderes políticos africanos que, por sensatez y coherencia están obligados a aparcar las discrepancias ideológicas o de cualquier otra índole entre ellos, y expresarse como uno solo con vistas a deshacerse de una coyuntura que, política o no, a todas luces se antoja anacrónica, y de la que durante décadas viene siendo objeto África.

 

En momentos como los presentes, de manifiesta impostura histórica en toda regla, constituye un deber sagrado por parte de la clase política africana en ejercicio, actuar en bloque y sin fisuras, como muestra de su abnegación y entrega en defensa de los intereses legítimos de los Pueblos de África, y de este modo lograr evitar la más que probable defenestración del Continente Negro como Entidad Política y Social con personalidad propia en el seno de la Comunidad Internacional, en un futuro a largo o corto plazo.

 

Susodicha eventualidad, en nada deseable por nadie ni mucho menos halagüeña bajo ningún concepto, de la que, si por desgracia se diera el caso, ¡no lo quiera Dios!, ni uno sólo de los ciudadanos africanos, sin discriminación por su clase o condición social, apenas si lograría salir vivito y coleando.

 

Ahora más que nunca, el Continente Africano espera de su clase política una altura de miras propia de gigantes, que se traduzca en unidad de acción, sabiduría y determinación cara a solventar de una vez por todas, tamaña incongruencia histórica de dimensiones nada desdeñables. Porque, después de todo, ¿qué sería exactamente un líder político africano en un Continente Africano sin personalidad política propia y definida, incapaz éste de diseñar sus propias decisiones…?


ÁFRICA DEMOCRÁTICA: UNA UTOPÍA, UNA QUIMERA QUE HAN DEJADO DE SERLO

El sistema democrático propiamente dicho ha llegado a África para quedarse definitivamente. Si bien aún existen aquí y allá disquisiciones interesadas que pronostican un fracaso estrepitoso en esa dirección, sin embargo, yo sí creo a pie juntillas tanto en la capacidad como en la firme voluntad de los actores políticos africanos de hacer de nuestro sufrido continente un regato de paz, libertad y prosperidad de manera sólida y definitiva, por la cuenta que nos tiene.

Reconocer en todo caso que los primeros actores políticos africanos siempre adolecieron de una experiencia necesaria y adecuada que los pusiera a la altura de las circunstancias en materia de lo políticamente correcto como sí les ocurría a sus colegas en otras latitudes del planeta, quienes por cierto siempre estuvieron en posesión de frondosos conocimientos en materia de la praxis democrática fraguada durante siglos de historia política.

Habiendo pasado por una etapa dominada por el sistema colonial, el cual jamás tuvo interés alguno en la formación de ninguna clase en relación a la población indígena africana, en sus inicios estos actores políticos africanos sólo podían contentarse con dar palos de ciego ante unas circunstancias políticas sobremanera inquietantes que les superaban y que para el colmo de la desfachatez les enfrentaban a sus propios conciudadanos, llegando a manejarse mal que bien en la encrucijada que suponía el laberinto mundillo de la etapa postcolonial.

Así las cosas, no hay duda de que los actores políticos africanos a lo largo de su hasta ahora corta historia política han resultado ser auténticos creadores de un club de autodidactas en lo que a la política internacional se refiere evidentemente; y gracias a sus esfuerzos titánicos, se está consiguiendo que la praxis democrática sea a día de hoy una realidad real que no virtual en nuestro continente. Pues superada con creces la etapa postcolonial en la que imperaban aglomeraciones de adeptos constituidos en partidos únicos, puede decirse que el continente africano, por derecho propio, está alcanzando su madurez política en materia de la praxis democrática con el establecimiento de sistemas multipartidistas que actúan libremente bajo el ancho paraguas de las libertades democráticas reales.

Insistir en todo caso que la garantía de éxito de toda praxis democrática en África se basa inexorablemente en lo que constituye nuestra identidad cultural que no en hacer simplemente acopio de conceptos foráneos en nada que ver con nuestro acervo cultural capaz éste de fraguar nuestro ser africano.

La apuesta firme y decisiva por el sistema democrático en África ha quedado patente en estos últimos años con la celebración de elecciones libres y democráticas en muchos países del continente, en medio de un clima de paz y seguridad, respetando como en ninguna otra época de la historia africana los derechos individuales de la ciudadanía.


LA COOPERACIÓN ÁFRICA-MUNDO ÁRABE: PODEROSA RAZÓN PARA VISLUMBRAR EL FUTURO DE ÁFRICA CON OPTIMISMO Y SOSIEGO

¡Quién me lo iba a decir hasta hace muy poco! Pues resulta que cuando parecía que todo andaba revuelto y desencaminado, y el futuro del Continente Negro lucía sombrío, mustio y zarrapastroso ante medio mundo, he aquí que con los árabes nos hemos topado, y quienes están dispuestos a comercializar con nuestros naturales recursos en plano de igualdad, respeto y veneración sagrada como sólo ellos saben hacerlo.

Un encuentro entre dos mundos con fuertes vínculos históricos y culturales afines (África y el Mundo Árabe), el cual por cierto garantiza generosos beneficios económicos recíprocos, sin que por ello los africanos tengamos un día que vernos en la bochornosa disyuntiva de tener que poner nuestras vergüenzas sobre el tapete ante la aldea global primero, a varias leguas más allá de lo políticamente correcto, tal como acostumbra ser habitual en ciertas latitudes del planeta.

En esta nueva coyuntura que no creo equivocarme si la califico de histórica, hasta pudiera ser que la prometedora alianza afro-árabe provoque la evaporación de ese Mare Nostrum (causante de innumerables quebrantos en las familias africanas), un tanto dado él a alimentarse de la carne fresca de jóvenes africanos de ambos sexos que inmisericorde perecen en sus profundas aguas traicioneras, todo por intentar en vano ir en busca de un mal mendrugo de pan que llevarse a la boca; cosa harta difícil cuando por esos mundos de Dios a uno se le consigna como 'indocumentado' de por vida.

Con la anuencia del gran Martin Luther King Jr., diré que yo también tengo un sueño: Un día los habitantes del Continente Negro de ambos sexos transitarán por doquier con el mentón erguido, ya como turistas, aventureros o simplemente bohemios, por puro placer al igual que cualquier hijo de vecino del planeta tierra; sin que por ello tengan que llevar sobre sus espaldas el sambenito de ser tildado malévola y peyorativamente de 'migrantes indocumentados' cuando menos. La alianza afro-árabe pudiera ser el punto de arranque hacia el cumplimiento de mi sueño.

La IV Cumbre África-Mundo Árabe recientemente celebrada en Malabo, capital de la República de Guinea Ecuatorial, con representación masiva de la flor y nata del mundillo de parné, es clara muestra de que no a todos les hace ascos el Continente Negro, y es hora ya de que sobre África la realidad real prevalezca sobre la realidad virtual de la que algunos no parecen tener intención de desvincularse y siguen empeñados en que en África las cosas siguen igual de mal que han estado durante centurias. ¡Monumental error!

Guinea Ecuatorial ha demostrado, una vez más, lo que viene siendo una tónica en ella en estos últimos tiempos: su capacidad a la hora de organizar eventos de las características de la IV Cumbre África-Mundo Árabe. Todos los asistentes, satisfechos, coinciden en subrayar la impecable organización de todo a fin de que el desarrollo de los acontecimientos pudiese llevar a cabo con tranquilidad y buen talante tal como ha sido. Un trabajo en que el Gobierno ecuatoguineano ha contado con la inestimable colaboración voluntaria de la ciudadanía, la cual dentro de un clima de paz e ilusión ha contribuido por que la IV Cumbre África-Mundo Árabe se celebrase sin sobresaltos ni estridencias de dudoso gusto.

En mi vida, de pocas cosas he estado tan seguro como de la obviedad en que la solución de todos los problemas del Continente Africano está en la voluntad de hacerlo por parte de los mismos africanos de ambos sexos, de toda clase y condición, que no en las insulsas promesas hechas por visionarios circunstanciales venidos de otros mundos poco más allá de los límites geográficos de África. Y flaco favor nos hacemos a nosotros mismos y a África cuando de manera torpe malgastamos nuestros esfuerzos en disquisiciones que no hacen sino propiciar absurdas luchas intestinas, aún a sabiendas de que es mucho más lo nos une que lo que nos separa que es nimio.


MUY PERSONAL. ÁFRICA, UNA REALIDAD CON PERSONALIDAD PROPIA, DUEÑA Y SEÑORA DE SU DESTINO

SÓLO la adquisición de una formación académica apropiada, el poderío y la praxis de una política panafricanista integradora harán posible la liberación de África de las garras de sus bestias negras: el subdesarrollo endémico y el neocolonialismo rampante, producto ambos de la maquinación soterrada por parte de aquellos para quienes África sigue siendo simple y llanamente una fuente inagotable de materias primas y de mano de obra barata al servicio de las economías foráneas.

Los tan repetidos gestos con cierto carácter filantrópico, en forma de ayudas humanitarias enviadas a África desde latitudes diferentes del planeta, siguen a fecha de hoy sin ofrecer los resultados esperados y concluyentes: hacer del continente africano un lugar de prosperidad económica y de paz social donde la población indígena disfrute de mejores expectativas de vida a todos los niveles. Si a ello se le añade algunas medidas drásticas, tales que sanciones económicas, intervenciones armadas varias o incautación de bienes supuestamente "mal adquiridos", etc., en ocasiones tomadas por algunos países de postín y de mayor poder adquisitivo y demás, con la supuesta coartada de aliviar los sufrimientos de la población menos favorecida, de inmediato nos percatamos de que susodichas medidas no constituyen en modo alguno la mejor de las alternativas al aportar, después de todo, un remedio que resulta ser peor que la enfermedad misma.

Si inquietante ya es que la toma de algunas decisiones cruciales sobre cuestiones africanas se lleve a cabo en foros internacionales donde, en el mejor de los casos, líderes políticos africanos sean invitados como meras comparsas sin voz ni voto, no deja de ser lamentable a la vez que descorazonador el hecho de que los políticos africanos ni si quiera sean consultados a la hora de aplicar determinadas resoluciones en suelo africano, llegando a generar un puzle de tal magnitud que es prácticamente imposible de regenerar. En consecuencia, todo o casi todo queda peor que estaba.

Un modo viable y real de hacer del continente africano un lugar de paz y próspero para los africanos es el que otorga el protagonismo a líderes políticos africanos como los únicos actores capaces de solventar asuntos escabrosos en una mesa de diálogo entre iguales. Pues los conflictos registrados en determinados países africanos sólo encontrarán una solución definitiva cuando las partes contendientes, anteponiendo su panafricanidad, sean capaces de entenderse entre ellas mismas sin influencia alguna foránea.

Con lógico desasosiego, seguimos observando que ciertas personalidades políticas de otras latitudes del planeta, quizás encorsetadas en demasía dentro de su intransigencia ideológica o similares, siguen haciendo oídos sordos al sonar de los tambores que anuncian una nueva etapa para África, en la que los protagonistas son los propios africanos y africanas decididos a dejar atrás los fantasmas de la etapa colonial. Estas personalidades empero hacen caso omiso de uno de los principios democráticos más elementales como es el permitir el derecho de libre expresión al adversario político para explicarse. De ahí que se mantienen indiferentes a todo lo que pueda decir aquel líder político africano que por una razón o por otra no sea de su personal agrado y simpatía.

Que los países africanos han apostado por el sistema democrático como forma de gobierno es una obviedad; y basta con ver la celebración de elecciones democráticas por doquier en el continente. Sin embargo, una democracia en África, para que sea viable y real, debiera basarse en la realidad histórica y cultural de los pueblos africanos. En las últimas décadas, no hay duda de que se han dado pasos de gigante y la coyuntura creada en esa dirección garantiza la viabilidad de la praxis democrática en África, pese a los problemas registrados en algunos casos que son estrictamente propios de entidades vivas con personalidad propia como son los distintos partidos políticos y su militancia.

Evidentemente, la realidad actual de los pueblos de África debe conocerse en persona, tras informarse adecuadamente, para de este modo establecer una comparativa entre lo que éstos han sido hace apenas dos décadas atrás y lo que son en la actualidad, tanto a nivel estrictamente institucional como en el plano del desarrollo socioeconómico. De ahí que países como Guinea Ecuatorial han dado pasos francamente significativos y encomiables en terrenos como la educación, la sanidad, infraestructura de carreteras, etc., como plataforma para un desarrollo integral y sostenible del país que garantice el bienestar definitivo de su población en un futuro más bien próximo.

Por primera vez en toda su historia, Guinea Ecuatorial cuenta con una universidad propia, la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE). La UNGE, desde su creación hace ahora más de 20 años, ha proporcionado al país varios cientos de egresados de especialidades académicas variadas, que actualmente ocupan puestos de relevancia en múltiples sectores dentro del Estado ecuatoguineano. Con la creación de la UNGE, Guinea Ecuatorial está consiguiendo solventar en gran medida uno de los problemas más acuciantes de muchos países africanos, donde la escasez endémica de recursos humanos puede llegar a significar para el Estado en cuestión un desembolso económico en ocasiones imposible de afrontar por ninguna economía de un país en vías de desarrollo, siempre que haya que traerlos del exterior.  

Por su determinación y saber hacer en esa dirección, Guinea Ecuatorial es a día de hoy el paradigma necesario del desarrollo integral y sostenible de los países africanos.


Invertir en África sin trampas ni cartón: garantía de estabilidad y desarrollo para la aldea global

TENGO en cuenta que África y sus circunstancias en la actualidad constituyen, ¡qué duda cabe! una pieza de importancia vital e ineludible en el engranaje de la comunidad internacional, y en el que ésta no puede seguir siendo ignorada, tal como por desgracia sigue sucediendo con demasiada asiduidad a fecha de hoy, como si de un mero convidado de piedra se tratara.

La Unión Africana (UA), la mayor institución política en el continente negro, para determinadas personalidades políticas y organismos allende los mares, no pasa de ser algo así como un simple club de amigos que se reúnen de tarde en tarde y cuyas decisiones en absoluto se consideran vinculantes más allá de los márgenes geográficos del continente.

Huelgan argumentos explicativos sobre la importancia de un continente con peso específico dentro de la comunidad internacional, mayormente en la toma de unas decisiones que directamente afectan a África, al tratase de temas relacionados con su desarrollo integral y sostenible para mayor bienestar del conjunto de su ciudadanía como individuos humanos.

Por si existiera alguna voluntad política en esa dirección, el cambio de actitud por parte de ciertos actores políticos de otras latitudes más allá de África -con miras a la consecución de unas relaciones fluidas y provechosas entre las partes-, debería tener como base la asunción por aquéllos de políticas con preclaro talante constructivo, encaminadas ellas a fomentar con la clase política africana un diálogo directo y permanente, sincero y del todo al margen de intermediarios de dudosa solvencia política, impulsados única y exclusivamente por intereses más que espurios.

Un signo de buena voluntad cara a unas relaciones que pudieran antojarse beneficiosas entre los pueblos de África y los demás pueblos del mundo, debiera configurarse deshaciendo en gran medida de ofensivos e insultantes epítetos a menudo utilizados por algunos para referirse a actores variados del espectro político africano, como consecuencia del desconocimiento de la realidad de los hechos, en un absurdo ostracismo durante décadas, tras la emancipación de los pueblos de África hace ahora poco más de medio siglo.

En el loable deseo de promover un posible encuentro de tú a tú entre África y los demás pueblos del mundo, en aras a una intercomunicación fructífera y provechosa para mayor gloria de todos, una condición sine qua non es aquella que tiene en cuenta el respeto y la consideración debidos a lo que constituye la idiosincrasia propia de los pueblos africanos, basada ésta en una cultura con raíces milenarias; y no limitarse, como hasta ahora ha venido sucediendo, en la mera importación de insulsos conceptos elaborados y frases hechas creadas ad hoc, y desde esa óptica pretender imponer la aplicabilidad de terminologías y praxis que subrepticiamente hacen caso omiso de las particularidades propias de cada pueblo  o nación en África.

Cabe resaltar que los pasos que en la actualidad está dando África en el terreno de los procesos democráticos, en tan solo medio siglo de haber conseguido su emancipación de sistemas coloniales ajenos éstos, dicho sea de paso, a esa praxis durante centurias de permanencia en el continente, son francamente alentadores y dignos de encomio, al propiciar para la ciudadanía africana un entorno adecuado donde las mejoras son posibles y las esperanzas respecto de un futuro halagüeño son cada vez mayores.

La historia ha demostrado con creces que los actores del sistema colonial, ante la imposibilidad de continuar abasteciendo sus alforjas a placer, por mandato de la Organi-zación de las Naciones Unidas, no tuvieron otra opción que hacer sus bártulos para marcharse a la vez que dejaban detrás de sí un continente africano poco menos que en paños menores y sin apenas un mal mendrugo de pan que llevarse a la boca.

No hago sino sacar a relucir lo que es una verdad como un templo. La estabilidad política, así como el desarrollo social y económico de África, protagonizados por actores africanos, constituyen una garantía para la estabilidad y el desarrollo integral y sostenible de la comunidad internacional.


Misceláneas

La autocomplacencia y la valoración en demasía de los conocimientos propios adquiridos en el terreno del SABER CIENTÍFICO sólo pueden conducir al nulo interés del individuo por mejorar, y hasta pudieran ser la señal inequívoca del desfase de su inteligencia creativa. El empecinamiento en soslayar permanentemente todo atisbo de sugerencia proveniente del vecindario para un trabajo en equipo (por creerse sabedor de todo y poco menos que indispensable), anula sin duda alguna la más mínima posibilidad de adquirir ingredientes frescos que enriquezcan la capacidad mental de tal individuo en relación a la adquisición de nuevos y renovadores conocimientos. Ante una actitud tan absurda como contraproducente, el sujeto en cuestión acaba por torpedear él mismo la siempre provechosa comunión con el entorno natural, derivando todo ello en  la imposibilidad de ejercer con garantías de éxito  la loable tarea de luchar por un mundo que aspira a satisfacer las necesidades más perentorias de la comunidad.

Al hacer propio aquel principio retórico asumiendo que "SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA" (por cierto, muy celebrado en la antigüedad clásica del mundo heleno), hace tiempo que me convencí a mí mismo de que los individuos humanos alguna vez que otra necesitan de las sugerencias de sus semejantes para la culminación con éxito de toda empresa que tenga como su fin último el bien común. El mundo del aprendizaje jamás fue un islote en medio de la nada ni mucho menos actuó como entidad segregacionista sino que desde siempre procuró albergar en sus entrañas la facultad integradora donde todos pudieran ser de utilidad según las capacidades de cada quién pero que nadie es indispensable en absoluto; y para mayor gloria intelectual del propio enriquecimiento personal, nunca está de más la adquisición aquí y allá de enseñanzas que de buen criterio pudieran proporcionar otras cabezas pensantes dentro del gremio.

En momentos como este resulta casi obligado traer a colación aquella frase del Presidente de Guinea Ecuatorial, OBIANG NGUEMA MBASOGO: "VALE MÁS UN PUEBLO CULTO QUE UN PUEBLO RICO". No hay duda de que con ello el Mandatario ecuatoguineano ha dado en el clavo resumiendo en pocas palabras lo que es una verdad como un templo. En nada le aprovecha al ser humano disponer de medios económicos por un tubo si la PREPARACIÓN ACADÉMICA es deficiente  o inexistente, al significar todo aquello pan para hoy y hambre para mañana.

Una preparación intelectual adecuada convierte a su acreedor en un ser lúcido y desenvuelto frente a un mundo plagado de incautos despiadados y sin escrúpulos.  

El FOLKLORE y similares constituyen evidentemente elementos importantes que conforman el conglomerado estructural de una cultura popular determinada, igual de respetables y considerados como cualesquiera otros, ¡faltaría más! Pues esos elementos como depositarios por excelencia de las reminiscencias históricas de tradiciones de los pueblos, en determinados momentos de relajación y de asueto proporcionan divertimiento momentáneo al personal. Sin embargo, resulta absolutamente necesario tener en cuenta que la CULTURA ACA-DÉMICA -basada en el cultivo del intelecto-, y a la cual se re-fiere evidentemente el Mandatario ecuatoguineano, es aquella que hará de nuestros PUEBLOS, de nuestro CONTINENTE entes solventes capaces de codearse con otros PUEBLOS del mundo en igualdad de condiciones desde el punto de vista científico. Deducir lo contrario es llenarse los oídos con cantos de sirenas en una cálida noche de verano.

En definitiva, la CULTURA ACADÉMICA, que no la folklórica, hace de la persona un ser capaz de desenvolverse con soltura y determinación en los claustros escabrosos del saber científico del mundo mundial.  Muchos pueblos hay que conquistaron el orbe con solo la capacidad y la sabia disposición de su inteligencia privilegiada mientras que lo contrario siempre significó la antesala misma del fracaso más estrepitoso. De ahí que "VALE MÁS UN PUEBLO CULTO QUE UN PUEBLO RICO".

Impulsados por el insaciable afán de criticar y desprestigiar a placer, el despropósito de algunos en esa dirección puede llegar a alcanzar cotas que rayan el absurdo más absoluto. Digamos que hablo de aquellos autodenominados intelectuales, tan sesudos como ellos solos, que un día sí y otro también, criticaron con vehemencia el hecho de que en cierta época no hubiera carreteras adecuadas en Guinea Ecuatorial.

Captado el mensaje, el Gobierno de la nación cubrió al país centroafricano con las más modernas infraestructuras viarias jamás vistas en un país africano; las cuales actualmente facilitan en cantidad el traslado de personas y el intercambio de mercancías de un lugar a otro en tiempo récord. Si en aquella época la crítica se debió por defecto, en la actualidad los mismos de siempre vociferan alegando la "fatuidad" de construir tales autovías o autopistas en plena selva. Cierto es que los hay que, por carecer, carecen hasta de coherencia en el planteamiento de las propias argumentaciones. ¡Evidentemente, nadie es perfecto!


Aquellos primeros once años con perfidia y torpeza desperdiciados

Querer dar a entender al respetable (como lo han pretendido algunos sin conseguirlo) que en las elecciones presidenciales 2016 en Guinea Ecuatorial, celebradas el pasado 24 de abril, la ciudadanía del país ha sido forzada a votar masivamente a D. Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, es desconocer en absoluto las genuinas aspiraciones actuales de los pueblos de África en su conjunto, consistentes éstas en apoyar sin fisuras a la buena gestión de aquellos líderes políticos (africanos) serios, inteligentes, ¡rematadamente panafricanistas!, dispuestos a dar lo mejor de sí mismos por el desarrollo autosostenible del Continente Negro; que no escuchar los cantos de sirenas de otros camuflados de tales cuando en realidad no son sino desengañados agitadores serviles, un tanto dados a vender humo a la población prometiéndole el oro y el moro. ¡Estos últimos andan desencaminados y están fuera de la honda respecto de la política actual y viable de África!, desde el punto de vista de la praxis democrática.

Sin duda alguna, los ecuatoguineanos que han votado masivamente a su líder carismático, créanlo (le pese a quien le pese, le duela a quien le duela), han actuado de esta manera en base a unas realidades concretas, palpables e irrefutables a lo largo y ancho del país, las cuales han hecho del noble pueblo de Guinea Ecuatorial lo que es en la actualidad: un pueblo todo él digno y respetado dentro del concierto internacional por su saber hacer en materia de paz, seguridad y desarrollo. Todo  lo dicho, ¡qué duda cabe!, es gracias a las sabias y acertadas directrices en el terreno político de D. Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.

Harto difícil resulta encontrar, aun cuando se mire con lupa, un solo caso de un Estado o nación que se parezca mínimamente al de la Guinea Ecuatorial que atraviesa el difícil periodo que va desde el 12 de octubre de 1968 hasta el 3 de agosto de 1979 (11 años). Y los que en persona tuvimos la desdicha de vivir aquello en edades tempranas sabemos de buena tinta lo que significó la etapa más sórdida de nuestro país en altos costos en pérdida de vidas humanas y sufrimientos de toda índole para una inmensa mayoría de ciudadanos ecuatoguineanos de toda clase y condición.

Aquellos once primeros años (etapa a la que la ciudadanía ecuatoguineana denomina con razón "de triste memoria"), significaron horror y desespero en los hogares de tantas familias ecuatoguineanas cuyas vidas inocentes fueron inmisericorde masacradas, dando al traste con los sueños esperanzadores de todo un país que ni siquiera tuvo tiempo de saborear las mieles del recién adquirido estatus de individuos con derechos y deberes de un país independiente y soberano. Todo por los desmanes de un régimen mal llamado político que tuvo como señas de identidad la destrucción y el terror: una gigantesca serpiente que tenía como afición macabra alimentarse de sus propias crías.
Hacer juicios de valor sobre hechos de los que no se tiene sabio y riguroso conocimiento nunca fue un acierto plausible sino más cruel y desabrido por parte de todo aquel que lo haga gratuitamente desde la butaca de su casa, por lo que puede significar aquello de hurgar en heridas de difícil curación.

En determinados momentos de la vida y ante ciertos hechos y comportamientos, a veces uno se pregunta si no resulta después de todo una  memez de tamaño mayor eso de ir de modosito y condescendiente por estos mundos de Dios. Pues da la impresión de que ciertos individuos humanos, en sus complejos de fracasados impenitentes dentro de su entorno más próximo, siempre están dispuestos a sacar provecho de semejante coyuntura de buenas maneras y tolerancia para saciarte los oídos con perlitas que no son sino sandeces en toda regla, las cuales en el fondo, por el absurdo de que se engalanan acaban por ser un insulto a la inteligencia misma del personal oyente.

A uno se le abren las carnes después de oír lo sucintamente relatado en párrafos anteriores, escuchar de algún que otro desahogado de turno insinuaciones malsanas como que la etapa "de triste memoria" no fue tan mala como la pintan. Otros hasta parecen no tener las cosas del todo claras a la hora de atribuírsele la responsabilidad que se merece por derecho propio al a la sazón Presidente de la República de Guinea Ecuatorial, Francisco Macías, con relación a los crímenes cometidos en la época, al plantearse la pregunta de si él era víctima o verdugo de tamañas veleidades.  

Creo que es total e ineludible la responsabilidad de alguien que, habiendo ejercido la función de Jefe de Estado, no se preocupara en lo más mínimo por el bienestar de sus súbditos. Alguien que, sin embargo, sí se preocupó siempre por el culto a la pesonalidad -la suya-, quien, además de sentir una enfermiza admiración por la figura del abominable líder nazi (Adolf Hitler), y tras imponer al Pueblo un partido político único obligatorio, Partido Único Nacional de Trabajadores (PUNT), se atribuyó sin escrúpulo alguno títulos como los siguientes: "Líder de Acero", "Gran Maestro de Educación Popular, Ciencia y Cultura Tradicional", "Único Milagro de Guinea Ecuatorial", entre otros muchos a cual más estridente y estrambótico.

¡Que se sepa!, esta es la Guinea Ecuatorial que libera D. Teodoro Obiang Nguema Mbasogo el día 3 de agosto del año 1979, exactamente once años insoportables bajo una de las dictaduras más devastadoras del mundo, la cual, por no preocurse, no se preocupó ni por la integridad de todo un país independiente que estuvo a punto de desaparecer del mapa como Estado soberano. ¡No es para menos!


El oscuro y enrevesado mundillo de la información periodística

A ciertas edades en la vida de las personas, pocas cosas hay que dan miedo y asustan; y si existiera algún sosiego en eso de hacerse mayor, tras dejar atrás la etapa de la despreocupada juventud, y verse de repente en el camino hacia el inexorable ocaso, es el hecho consolador de saberse acreedor de la avidez propia de un perro viejo por la experiencia acumulada durante años de impenitente trotamundos.

Distorsionan evidentemente las manipulaciones que puedan hacerse de una información por parte de algún que otro predicador desahogado de turno, quien disfrazándose de informador incondicional, desde su torrecilla sensacionalista exhorta ex catedra diatribas mesiánicas contra todo dios. Y basándose únicamente en su desbordante imaginación a la hora de hablar de todo sin base alguna, saca de la manga juegos de artificio con tal de seguir llamando la atención del respetable, pues para él todo vale hasta tal punto que cuando no sabe inventa.

Esto último ocurre en las tres cuartas partes y poco más, en la información ofrecida pomposamente por aquellos plumíferos que un día sí y otro también lanzan dardos envenenados contra relevantes personalidades dentro del espectro político africano, por el mero hecho de serlo, únicamente. Al parecer, ellos practican eso de que, para cualquier foráneo, en África se es siempre culpable mientras no se demuestre lo contrario.

Ya existe toda una literatura a tal efecto, con una terminología propia con la que fustigar inmisericorde a todo aquel que no satisfaga sus intereses económicos o no sea de su agrado ni pertenezca a su gremio: paradigma en todo caso de la falsedad y la inventiva gratuita, muy dado éste a actuar bajo los dictámenes estrictos del parné. ¡Qué fue de la moral y la ética profesional!

En los últimos tiempos nos tienen entretenidos con eso que se ha dado en llamar los bienes mal adquiridos o lo que los gabachos con inusitada solemnidad denominan “biens mal acquis”; cuyos supuestos titulares comparten entre ellos una extraña particularidad: ¡y es que son de ascendencia africana y todos ellos emprendedores  africanos para el desarrollo social e institucional de África y, lo que es imperdonable a todas luces, no se dejan bajar los pantalones ante nada ni ante nadie!

Descubierto el pastel, justo y necesario es que sea dicho -sin acritud ni resentimiento alguno hacia nadie-, que el expolio cometido en África durante la etapa colonial sí ofrece solvencia informativa a la hora de hablar de los “biens mal acquis”; esos terratenientes colonos que a la sazón se apoderaron gratuitamente de los recursos naturales del continente negro para luego construir palacios, mansiones y monumentos de grandes dimensiones en metrópolis allende los mares, dejando escuálido al continente africano y caninos a sus moradores, en la más absoluta de las miserias humanas, y de aquellos polvos los actuales lodos.

Curiosamente, ninguno de esos plumíferos de verbo fácil y azote justiciero de los africanos “corruptos”,  jamás hizo, que se sepa, denuncia alguna en esa dirección. Más bien a menudo hacen la vista gorda y oídos sordos a todo lo que tiene que ver con la época colonial, con sus desmanes y todo, en el continente africano durante siglos de opresión y miseria indescriptibles. Garantizo que hay mucha tela que cortar al respecto.

Que el tal José María Irujo nos salga ahora con aquello de no sé qué testaferros del demonio así como otras sevicias con que a menudo nos tiene acostumbrados, publicando infundios a través de ese diario español cuyo nombre por respeto a la profesión prefiero reservarme, es un despropósito y una payasada en toda regla; pues el susodicho individuo, que se sepa, jamás puso un pie en Guinea Ecua-torial. Y si por esas cosas raras lo hizo alguna vez y sigue profiriendo improperios e infundios contra Guinea Ecuato-rial y sus dirigentes, inventándose historietas producto de una diarrea mental de tamaño mayor, que aporte pruebas fehacientes de sus acusaciones o se calle para siempre, si le queda algo de dignidad. Además, a ese sujeto le importa un rábano Guinea Ecuatorial.


Guinea Ecuatorial: una apuesta sobre seguro

En plena ebullición de desarrollo social e institucional de África, poco espacio queda para absurdos experimentos y los muchos y bochornosos brindis al sol. Hasta pudiera resultar un tanto contraproducente para el continente negro permitir que en sus sistemas políticos le cuelen, a la ligera, formulaciones ideológicas con marcado carácter exógeno y en absoluto nada realistas, al carecer éstas en sus planteamientos de una perspectiva acorde con lo que siempre fue la idiosincrasia genuinamente africana.

Por obsesionarse a imitar burdamente a políticos con raigambre en otras latitudes del globo, para de ese modo obtener de ellos halagos engañosos que al fin y al cabo no son sino un viaje a ninguna parte, algunos se empeñan en asumir como propias formas de hacer política falseadas y carentes del  menor atisbo de realismo respecto de la realidad social en cada país o pueblo de África. En consecuencia, de tanto fantasear con la realidad virtual por estar lejos de la realidad real en el continente, ellos acaban por socavar cuando menos un potencial político que en un futuro pudiera ser de utilidad para el afianzamiento de una praxis democrática viable en las sociedades africanas.

Durante centurias largas África a duras penas consiguió sobrevivir a tantas arbitrariedades que recuerda la historia de la humanidad, evidentemente protagonizadas por individuos que a fuego y espada se introdujeron en sus sociedades haciendo y deshaciendo a placer, sin que les importara la presencia del mal llamado indígena. Razón por la cual, ahora  resulta chirriante escuchar que otros pretendan hacer lo propio simulando estar dispuestos a abastecer nuestras alforjas vacías con suculentas viandas, dando a entender con ello que sus acciones son de carácter humanitario.

Lo que pudiera ser aún peor es que otros, argumentando eso de que “a África había que recolonizarla” -aseveración que me consta de buena tinta-, a fecha de hoy quisieran seguir atribuyéndonos una minoría de edad que jamás fue tal y ellos desde siempre lo han sabido a ciencia cierta.  Absurda consideración en todo caso que solo sirvió para que los colonialistas pudiesen  seguir nadando en la abundancia merced a nuestros recursos actuando como “administradores” de los mismos, mientras que nosotros apenas si nos quedaba una mala migaja de pan que llevarnos a la boca ni mucho menos un mísero hueco donde caernos muertos.

Se nos habla a menudo sobre la longevidad de nuestros líderes políticos en el ejercicio del Poder, basándose en argumentaciones que hacen referencia a la alternancia po-lítica por razones de edad y similares; como si el mero hecho de cambiar a las personas de sus puestos de responsabilidad institucional fuera consustancial al buen funcionamiento de las instituciones en cada Estado o Nación.

Creo en la alternancia en el Poder como fórmula para mejorar las cosas y de deshacerse de aquellos individuos que ya no dan más de sí por el agotamiento físico o mental para seguir aportando frescura y creatividad en el buen funcionamiento de las instituciones. Sin embargo, provocar cambios solo porque sí y por intereses de dudosa solvencia y al margen de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, solo podría derivar en situaciones desafortunadas en forma de conflictividad, desórdenes y la anarquía, paradigma en cualquier caso del atraso y el subdesarrollo de los países.

Si es de sentir común aquello de que con las cosas de comer no se juega, resulta pues una obviedad que en política los experimentos en forma de cambios innecesarios son susceptibles de generar desajustes sociales de consecuencias imprevisibles, en cualquier caso nada beneficiosos para sociedades prósperas y bien asentadas cual es la República de Guinea Ecuatorial de nuestros días.

El Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE) así lo ha entendido y ha apostado sobre seguro. La elección sin fisuras de su Histórico Líder Fundador como candidato para las elecciones de 2016, garantiza evidentemente la continuidad del desarrollo sostenible iniciado, que merced a la misma la República de Guinea Ecuatorial es hoy un Estado con personalidad propia del que una inmensa mayoría de su ciudadanía se siente orgullosa. Con razón diría aquel grande intelectual español Eugenio D'Ors i Rovira: "Los experimentos con gaseosa, joven"


El ocaso de los Jacobinos

¡Qué lejos reposan ya en el baúl de los olvidos aquellos tiempos cuando lo de predicar con el ejemplo constituía una norma a asumir por todo enseñante con la avidez de un perro viejo para impartir su docencia para mayor deleite de sus crédulos doctrinarios! En aquel entonces sí se hablaba hasta la saciedad del respeto y la tolerancia en el trato hacia los demás individuos humanos y sus naturales posesiones.

Estremece ahora, sin embargo, ver que tras siglos de historia de la democracia asumiendo con veneración sagrada la defensa de las libertades individuales, tales que la de expresión, de movimiento y otras muchas más, como patrimonio de cada humano por el sólo hecho de serlo, todos los predicamentos en esa dirección han resultado ser un vulgar brindis al sol que en su momento escamotearon una burda estratagema para engatusar al personal indígena. Ese indígena al que a menudo se trató cual una fiera salvaje sin alma, a la que había que amansar para neutralizar su arrojo y bravura primero, y arrebatarle su natural sustento de que disponía en forma de recursos naturales después.

De aquellos sacrosantos principios democráticos que en un momento se nos presentaron como esenciales para una sana convivencia entre los individuos y piedra angular para el desarrollo integral y sostenible de pueblos y países; y que sus protagonistas se encargaban muy mucho de vociferar por doquier hasta la afonía en términos de Liberté, Égalité y Fraternité. De aquellos principios, digo yo, sólo queda el inservible papel mojado en el que cierto día fueron plasmados. Y para mayor desespero y desazón de muchísimos, el colmo parece que se prodiga por ahí eso de donde [antes] dije digo, [ahora] digo Diego.   

Al igual que un castillo de naipes ante un vendaval, se desmoronan los cimientos de todo un rascacielos de normas de convivencia entre individuos y pueblos en la Aldea Global; y lo del respeto a los derechos de las personas al igual que la inviolabilidad de los terruños ajenos y mucho más, se ha convertido de la noche a la mañana en verdadero desasosiego que impide conciliar el sueño a pueblos y naciones enteros de “menor cuantía”; al verse estos últimos incapaces de parar la apisonadora e insaciable voracidad de los más grandes, quienes a plena luz del día imponen inmisericorde la ley del  más fuerte sin importarles cómo, cuándo ni muchísimo menos dónde.

Por esas cosas raras de la vida, ahora nos encontramos con que todo  un rotativo de por ahí, que siempre fue de liberal por estos mundos de Dios, soltando diatribas contra los regímenes políticos africanos a los que con marcada insistencia acusó de opresores y violadores de la libertada de prensa, sea ahora el primero en proponer el cierre de un canal televisivo africano sólo por hacer éste uso de esa misma libertad de expresión a la que tiene pleno derecho como cualquier otro allende los mares; todo porque este último dijera lo que el primero no supo digerir al considerarlo como una crítica desaforada contra él y sus allegados.

Cierta gracia a la vez que una macabra satisfacción sí produce poder contemplar cómo recalcitrantes liberales de otros tiempos, que durante décadas hicieron de la defensa de las libertades democráticas su línea editorial a lo largo y ancho del planeta, ahora verlos ahogándose cuales unos pardillos en el mar de sus propias contradicciones ideológicas, incapaces de asumir con gallardía y aplomo críticas y desaprobaciones venidas de otras latitudes contra sus acciones de naturaleza más que dudosa.

A juzgar por el descomunal revuelo surgido en ciertos sectores, y que ha puesto en pie de guerra a relevantes figuras políticas contra el canal televisivo africano en cuestión, no ha lugar a dudas de que se ha hecho saltar la liebre haciendo quedar en paños menores a denotados jacobinos sacando a la luz sus intereses oscuros para con el Continente Negro. El tiempo dirá. Mientras tanto, ¡ojo al dato!


Las Primeras Damas y sus gestas junto a sus egregios cónyuges

Hablar del difícil rol desempeñado por las sufridas esposas de los mandatarios de los países siempre requirió gran objetividad y sabio uso de una terminología literaria adecuada, antes de lanzarse sin más a la crítica viciada y desafortunada contra su presencia, testimonial o no, junto a sus maridos en el noble y honroso ejercicio de manejar con tiento las riendas administrativas de la Cosa Pública; cuya carga máxima en forma de responsabilidad ineludible descansa sobre los inflexibles hombros de los egregios cónyuges de aquéllas. De ahí que, se tenga o no motivos, resulta un tanto descabellado y hasta pueril, ¡qué duda cabe!, levantarse una buena mañana y ponerse a proferir improperios contra no importa cuál de ellas, impulsado únicamente por motivaciones que atesoran preclaras frustraciones personales cuando menos.

En efecto, la posibilidad misma de que, una vez ya en los entresijos de la intimidad del hogar conyugal, lejos del mundanal ruido y de la fanfarria de los actos oficiales, una Primera Dama sirve de factor psicológico para el equilibrio emocional de su esposo Presidente, Empe-rador o Monarca, ya de por sí define y mucho la necesidad perentoria de su figura respecto de los asuntos que a diario incumben a una ciudadanía que espera de sus mandatarios la solución a los problemas que la aquejan. Pues no sin razón se ha repetido hasta la saciedad que detrás de todo gran hombre existe una gran mujer.

Tranquiliza, por tanto, pensar que cada Estado, Imperio o Reino del planeta tierra, en su desarrollo integral y sostenible, cuenta con la Primera Dama que se merece por lo que aquello pueda tener de figura maternal. Pues nosotros, en la República de Guinea Ecuatorial, tenemos a Dª Constancia Mangue de Obiang, quien a lo largo de los años se ha ganado a pulso el apelativo de Primera Dama de la Nación colaborando con S. E. Obiang Nguema Mbasogo, Presidente de la República, en los asuntos del Estado como amiga, compañera y esposa fiel siempre a su vera.

 

Ella, por su cuenta y riesgo, ha protagonizado la creación de instituciones con marcado contenido humanitario, sin afán de lucro alguno y de indecible utilidad social, tales como el CANIGE (Comité de Apoyo al Niño Ecuatoguineano), el Centro Psiquiátrico de Sampaka, dedicado expresamente a los afectados por enfermedades mentales de toda clase y condición amén de otras ayudas que una inmensa mayoría de la ciudadanía ecuatoguineana reconoce sin ambages están directamente destinadas a mitigar las carencias materiales de los estratos más vulnerables de nuestra sociedad. De ahí que, si no existiera una Dª Constancia Mangue de Obiang como Primera Dama de Guinea Ecuatorial, habría que inventarla para mayor gloria de todos los descamisados de nuestro entorno social inmediato.

Cuesta asumir, como si tal cosa, que existan en nuestras sociedades personas humanas con tan nula entidad moral o ética, muy capaces ellas de causar tanto daño gratuito a gentes de bien, haciendo uso de una más que dudosa condición de político de baja estopa.

En la cabeza de ninguna persona con dos dedos de frente pudiera tener cabida tamaña impostura consistente en arremeter sin venir  a cuento contra un humilde prelado cuya extraordinaria labor pastoral (sin afán de lucro ni pretensión alguna política), es valorada y apreciada por una amplia feligresía integrada por políticos con ideologías de todos los signos y colores; todo por lo que tiene ella de mensaje cristiano edificante y aliento espiritual para almas descarriadas y consuelo a espíritus solitarios.

Una memez de dimensiones siderales resulta pretender que en política vale todo, hasta las descalificaciones personales sin cargo o acusaciones sin pruebas, por tanto infundadas, por parte de individuos asediados por una endémica mediocridad intelectual sin parangón por la que a menudo recurren a prácticas manipuladoras, con la sola finalidad de causar en el vecino el mayor daño, a ser posible irreparable.


África democrática: un proyecto imparable embarcado en un tren sin billete de vuelta

LAS elecciones presidenciales recientemente celebradas en la República Federal de Nigeria -el gigante africano por excelencia-, que esta vez han propiciado una transición sin estridencias ni sobresaltos entre la variopinta ciudadanía nigeriana, y por ende granjeado la aprobación unánime de la Comunidad Internacional, para empezar descartan de raíz cualquier atisbo de vacilación respecto de un continente africano que cree en la Democracia como sistema de Gobierno y alberga la firme voluntad de hacer viables en su propio seno instituciones democráticas con todas las de la ley.


Susodicha particularidad no pasaba de ser una mera anécdota reseñable quizás, si no fuera por la realidad histórica consistente en que el primer país africano en conseguir la independencia total -la República de Ghana, en la actualidad una de las democracias más potentes y sólidas del Continente Negro-, lo hizo el 1 de julio de 1960, con la elaboración de la primera Carta Magna de su historia, fecha a partir de la cual la antigua Costa de Oro se convertía en una República soberana con todos los derechos y deberes; si bien tres años antes una independencia relativa le había sido concedida por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte -su entonces potencia colonizadora-, el 6 de marzo de 1957, con Kwame Nkrumah de Primer Ministro, pero que seguía habiendo un monarca británico como Gobernador General de ese país del oeste africano.

 

Como puede constatarse evidentemente, desde la creación del primer país africano como Estado Independiente y Sobe-rano sólo han pasado 55 años escasos, un tiempo en realidad insignificante para generar y afianzar cambios institucionales significativos en sociedades que, como las africanas en esa época de decadencia pronunciada, estaban condenadas a ser carne de cadalso merced a los desmanes de una colonización brutal e insensible hacia la población indígena durante centurias, y a resultas de ello la escasa preparación de los africanos para llevar a efecto con garantías de éxito cualquier transformación social en consonancia con lo que es la idiosincrasia genuinamente africana, con miras hacia un cambio social que partiera de una identidad cultural forjada durante milenios de apasionante historia y tradición.


Nada que decir del resto de países africanos que a trancas y barrancas se crearon después y entre los que, si la memoria no me falla, el último en acceder a la soberanía nacional -Sudán del Sur-, lo haría varias décadas después de que lo hiciera la República de Ghana.


Los prolegómenos de las independencias africanas están plagados de conflictos de toda naturaleza, entre los que pueden destacarse por su virulencia y ferocidad los desencuentros interétnicos y fronterizos, que entre los mismos africanos han causado una pérdida de vidas humanas de dimensiones apocalípticas, arrastrando consigo la pobreza y la miseria extremas que han sido un serio hándicap para el desarrollo integral y sostenible de África durante décadas. De ahí que, pese a ser acreedora de indecibles recursos naturales, África siempre lo ha tenido cuesta arriba a la hora de intentar hacerlos aprovechables para su población autóctona. ¡Justo y necesario sea recalcarlo!, todo por la infiltración milimétricamente calculada de ciertas maniobras neocolonialistas que entre la población africana han tratado siempre de implantar políticas de divide y vencerás. Algo que, por desgracia, bastantes muchos siguen sin querer entender, a juzgar por la laxitud y ligereza con que algunos pregonan y abogan por intervenciones abruptas para generar cambios institucionales en no importa qué países africanos.

 

Las circunstancias que han envuelto el periodo postelectoral en la República Federal de Nigeria animan a los africanos de bien a seguir albergando esperanzas en el proceso de la democratización en el continente africano; y seguirá así siempre que dicho proceso no se aparte un ápice de lo que es nuestra identidad cultural como forjadora de una idiosincrasia netamente africana. Pues resulta importantísimo incidir en ello al tiempo que ahondamos en común esfuerzo para evitar un fracaso estrepitoso en la implantación en África de sistemas democráticos perdurables en la historia y beneficiosos para la población africana en su conjunto. Los demás países allende los mares así lo han hecho.


Un servidor que es panafricanista de pro y devoto patriota de toda la vida, pacifista en toda regla, sin más siglas ni colores que aquellos que abogan por un continente africano en paz y próspero, en momentos como los actuales, gusta de rememorar aquella frase ya histórica, de enorme contenido ideológico, acuñada por el presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema Mbasogo, que dice más o menos esto: "La DEMOCRACIA no puede ser jamás un producto de importación"


Amnistía Internacional: la que parece no informarse antes de informar

RESULTA decepcionante percatarse del comportamiento arbitrario por parte de un organismo internacional muy dado a enarbolar el estandarte en defensa de los Derecho Humanos por doquier. No es menos penoso que un ente que a menudo presume de ser acreedor de un gran prurito profesional a la hora de cumplir con su cometido, que no es otro que informar al respetable con objetividad, veracidad y transparencia, tenga ahora que recurrir a vulgares datos informativos cazados al vuelo, difundidos por plumíferos a sueldo del mejor postor mediático sin escrúpulo.

Observo con marcada indignación el hecho de que el Informe Anual de la organización Amnistía Internacio-nal 2014-2015 no puede ser más erróneo y falseado, en lo que a la República de Guinea Ecuatorial se refiere, al proferirse en él aseveraciones gratuitas y descabelladas que en nada tienen que ver con la realidad actual en el país centroafricano. ¿Es esta la manera que dice  tener AI de velar por el bienestar y el respeto de los derechos de la ciudadanía del mundo mundial?

Afirmaciones como esta que sostienen "la ejecución de nueve personas en enero de 2014 en Guinea Ecua-torial, trece días antes del establecimiento de una mo-ratoria temporal de la pena de muerte", no son sino una soberana tomadura de pelo a la Comunidad Internacio-nal a la que la AI se debe y tiene la obligación moral de ofrecer informes elaborados con propiedad y denuedo. Pues a fecha de hoy, que se sepa, la AI sigue sin ofrecer dato alguno que avale una sola coma de su informe en relación a las susodichas ejecuciones (nombres de los ejecutados, fechas, lugares, etc.).

Eso sí, la Amnistía Internacional parece ignorar -o prefiere no saberlo- que Guinea Ecuatorial, en defensa y respeto escrupuloso de los Derechos Humanos, ha creado recientemente la figura del Ombudsman o Defensor del Pueblo -autoridad del Estado encargada de garantizar los derechos de la ciudadanía ante abusos que puedan protagonizar los poderes públicos del Estado-; algo absolutamente inédito en todo el continente africano. Esto, sin embargo, no se refleja en modo alguno en el informe de la Amnistía Internacional 2014-2015.

Que en Guinea Ecuatorial queda aún mucho por hacer es una obviedad, ¿y dónde no? Pero que existe vivo interés en la creación de instituciones democráticas reales y viables en el país, es un hecho a la vista de todo aquel que haya tenido ocasión de seguir el desarrollo en el terreno político de Guinea Ecuatorial de los tres últimos lustros. Tratándose de un país sin experiencia alguna heredada en materia de praxis democrática -ni en la etapa colonial, evidentemente, ni mucho menos durante la férrea dictadura que vino después y que duró once años largos-, sí puede hablarse en la actualidad, y con razón, de la efectividad del método basado en el denominado Ensayo Democrático, protagonizado por el presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, sobre todo si nos ceñimos a los hechos que en este sentido hablan por sí solos.

En otro término de cosas, uno que siempre presume de tener alma de viajero, recuerdo ahora que yéndome por esos mundos de Dios tiempos ha, tuve un topetazo con cierto individuo de reducida estatura, regordete y cabezón; de mofletes prominentes sobre los que se alojaba un bigotillo de espanto el cual no pegaba ni con cola. El incauto era de carácter huraño causante en él de una conflictiva personalidad que se convirtió en el azote implacable del vecindario: ¡el puñetero era más malo que Lucifer! Espécimen este cuya voz meliflua en demasía revelaba a las claras su más que oculta condición ansarina, por más que él quisiera dárselas de macho conquistador. Mister E. T., terminología que da para el título de una novela sobre la ignominiosa casta parasitaria.


A aquellos que no lo sepan

SIEMPRE ha existido una concepción un tanto simplista, casi naif, respecto de África, la cual ha propiciado la formulación de estereotipos que rayan el mayor de los absurdos, por carecer de veracidad en relación a un continente que es origen de la especie humana y hogar de ricas y variadas culturas milenarias.

Hablar de la cultura africana propiamente dicha implica tener que adentrarse en un laberíntico mundo que alberga todo él una complejidad espiritual forjadora de leyendas y misterios durante centurias cuyas raíces reposan en la noche misma de los tiempos. Es un potencial al que quizás los africanos no hayamos resaltado en su justa medida todavía otorgándole el reconocimiento y la im-pronta que se merece por méritos propios. La cultura, ¡qué duda cabe!, constituye evidentemente otra de las bazas con que podemos contar para alcanzar el desarrollo integral y sostenible de África.

En nuestra revista Panáfrica -que en este año 2015 cumple su undécimo aniversario de edición ininterrumpida-, a modo de agradecimiento, quiero destacar el hecho de que Guinea Ecuatorial haya asumido la responsabilidad de celebrar en suelo patrio la XXXª edición de la Copa de África de Naciones (la CAN 2015), evitando así que el evento deportivo más importante del continente africano hubiera podido celebrarse en las tierras asiáticas de Qatar tal como se pretendía -¡qué barbaridad!-, tras la renuncia en último momento del Reino de Marruecos aludiendo razones de índole sanitaria. 

Las críticas surgidas a raíz de la noble actuación del gobierno de Guinea Ecuatorial  en relación a este evento sólo pueden rememorar a aquellas otras generadas por los mismos sectores ¡contra la creación! del Premio Internacional UNESCO-Guinea Ecuatorial de Investi-gación en Ciencias de la Vida, impulsado  a iniciativa personal del presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.

En defensa de dicho premio figuran varias cartas mías que, como ciudadano ecuatoguineano y Director-Editor de Panáfrica, tuve a bien remitir a la persona de la actual Directora General de la UNESCO, Dª Irina Georgieva Bokova, expresando tanto mi apoyo a dicha iniciativa como a la conveniencia de que tamaño gesto humanitario sin afán de lucro alguno no se echara a perder por culpa de la intransigencia de unos cuantos incautos. Finalmente, por fortuna, la razón y la sensatez prevalecieron sobre la sinrazón y el egoísmo, y el establecimiento del premio experimentó su aprobación en el año del Señor de 2008.

En la II edición de este premio, el día 15 de septiembre de 2014, el mandatario ecuatoguineano, Obiang Nguema Mbasogo, en su discurso dijo cosas como estas:

"África necesita una buena salud para sus ciudadanos y la paz entre sus pueblos. La salud y la paz constituyen los dos ingredientes básicos para el desarrollo de la humanidad". Dicho lo cual, también anunció la donación de dos millones de dólares USA a la Organización Mundial de la Salud (OMS) destinados a los programas que combaten el ébola.

También se tiene constancia certera de que el Gobierno de Guinea Ecuatorial, en colaboración con las empresas petrolíferas afincadas en el país, está desde hace algún tiempo llevando a cabo un programa de erradicación del paludismo en la isla de Bioko, al tiempo que se está haciendo lo propio en la evaluación de una vacuna contra el paludismo que podrá ser utilizada en 2018 por todos los países afectados por esa enfermedad.

La celebración en Guinea Ecuatorial de la CAN 2015 encierra notables ventajas para el país, en la medida en que dota a Guinea Ecuatorial de una infraestructura sanitaria que la permite  afrontar con cotas altísimas de garantía  un eventual brote de ébola  durante y después del evento deportivo. Pues a fin de garantizar la salud de todos los asistentes al evento y de toda la ciudadanía ecuatoguineana en su conjunto, hay en todo el territorio nacional ecuatoguineano un despliegue de medios sanitarios a la altura de las circunstancias, como no los ha habido jamás en toda la historia de Guinea Ecuatorial. ¡Obras son amores, no buenas razones.


República de Guinea Ecuatorial: el Ensayo Democrático

KWAME NKRUMAH, primer presidente y padre de la independencia de la República de Ghana, una vez dijo: "La mejor forma de aprender a ser un Estado soberano e independiente es ser un Estado soberano e independiente". Estas palabras, analizadas con detenimiento desde nuestra óptica actual, no ofrecen la menor duda de que, en sus reflexiones de estadista visionario, el insigne político y panafricanista ghanés nunca anduvo desencaminado en su sabiduría innata respecto de los entresijos de la política internacional de su tiempo.
 
Evidentemente, el presidente Nkrumah entendía que la salvación institucional de África, como piedra angular para su desarrollo integral y sostenible, está -hasta nuestros días- en la realidad consistente en que los africanos un día podamos ser conscientes de lo que nos conviene, discutir sobre ello con argumentos en una mesa de diálogo, luego obrar en consecuencia para mayor gloria de todos. De poco o nada servirá pues intentar imitar a lo que otros son o pretendan ser en otras latitudes, en circunstancias del todo ajenas a nuestra idiosincrasia africana, para encontrarles solución a las más que lógicas diferencias que, como cualquier hijo de vecino del planeta tierra nos puedan enfrentar a diario.
 
En Malabo, capital de Guinea Ecuatorial, acaba de celebrarse la Mesa de Diálogo Nacional que, a iniciativa del presidente Obiang Nguema Mbasogo, se convocó a finales del mes de octubre de 2014, invitando a todos los actores políticos ecuatoguineanos de dentro y fuera del país, sin discriminación alguna por su pensar político o parecido. Y durante una semana, con sus siete días, el mundo entero ha sido testigo en vivo tanto de los acalorados enfrentamientos en los inicios del mismo como del gran consenso al que se llegó, con la firma en público del documento final por parte de todos los participantes, y en el que no ha habido ni vencedores ni vencidos.  
 
Vista la forma en que se han desarrollado los acontecimientos en la Mesa del Diálogo Nacional, en un clima de sinceridad cristalina, en el que ha primado como tónica general la exhibición sin tapujos de la libertad de expresión en su máxima efervescencia, resultaría hasta ofensivo imaginarse que alguien con dos dedos de frente pudiera poner en entredicho la más que manifiesta voluntad por parte del mandatario ecuatoguineano por que el entorno reuniera condiciones en materia de confianza, para que todos y cada uno de los actores políticos del país pudiesen expresarse con libertad absoluta en relación a los temas e inquietudes  de cada quién, para el buen funcionamiento en todas las vertientes de las instituciones de nuestro Pueblo.
 
Reconocer por todo ello que la clase política ecuatoguineana participante ha hecho gala de su aplomo, su buen hacer y madurez políticos, pese a las más que lógicas diferencias ideológicas;  que en nada tiene que envidiar a los políticos  de otras latitudes a la hora de discutir sobre sus puntos de vista respecto de las institucionales del país. Algo que a mí, como ciudadano y patriota, me llena de rebosante orgullo e invito a todos los que amamos a Guinea Ecuatorial a que brindemos por ello, como señal para el inicio de convivencia pacífica entre hermanos de un mismo Pueblo que juntos tenemos muchísimo que ganar.
 
El Ensayo Democrático, frase acuñada hace algunos años por el presidente Obiang Nguema Mbasogo, con vistas a perfilar su línea política para Guinea Ecuatorial, y que se refiere, entre otras cosas, a la puesta en ejecución de una praxis democrática basada en los valores de nuestra realidad histórica y cultural, ha resultado ser un incuestionable acierto  capaz de hacer convencerser de que un día, en la tarea azarosa por hacer de África un continente genuinamente democrático, pueda vislumbrarse, ¡al fin!, como un entorno libre de todo aquello que signifique amenazas para la paz y la estabilidad de sus Estados y de sus moradores.


Guinea Ecuatorial: la hora de la prueba del algodón

AÚN cuando sé de buena tinta que es de toda la vida empresa harta difícil escudriñar los abruptos recovecos de la especie humana, y pretender cerciorarse con tino y determinación de lo que se aloja en las profundidades más recónditas de su ser, imploro otórgueseme indulgencias si defino la coherencia en las personas como aquella disposición -por cierto, nobilísima-, la cual implica armoniosa relación entre lo que se proclama y se defiende a viva voz con aquello que se ejecuta, predicando con el ejemplo, ante la comunidad o ciudadanía.

Alguien coherente con sus creencias o ideas -políticas, religiosas y demás-, es aquel que procura -o por lo menos lo intenta- hacer que sus predicamentos, de modo fehaciente y notorio, anden en consonancia con sus acciones ante los demás en cualquier momento y lugar; siempre presto a reconocer errores propios y rectificarse a tiempo, pues con ello haría gala de eso de que es de sabios obrar de manera tal.

En nada le aprovecha a aquel infeliz que, pese a saberse en un camino torcido, prefiera emprender una huida hacia ninguna parte y perderse definitivamente en el absurdo de la profusión de soliloquios ininteligibles para los profanos.

Una actitud coherente en una persona inspira respeto y consideración de los congéneres hacia ésta, al igual que la incoherencia, ¡qué duda cabe!, reduce al artífice a la altura del betún, por cuanto que por ende llega a perder la credibilidad, la decencia y algo más, hasta verse todo él abocado a la más que inexorable defenestración moral y ética en lo personal.

El 29 de agosto de 2014, el Presidente de la República de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema Mbasogo, hizo pública la convocatoria de una Mesa de Diálogo Nacional con todos los actores de la política nacional de variados colores ideológicos, incluidos aquellos de la presunta oposición política que se encuentra diseminada por esos mundos de Dios en la diáspora, y presumiblemente a merced de cualquier incauto. Ya me entienden.

Tamaña iniciativa -por su magnanimidad y preclara visión de futuro-, sólo propia de políticos de raza y de encomiable voluntad de postular por la construcción de un Pueblo Grande y Libre, constituye evidentemente la prueba del algodón a la que han de someterse todos los protagonistas, para de esta manera averiguar si todos ellos están a la altura de las expectativas que el pueblo de Guinea Ecuatorial espera de su clase política: capacidad para llevar a efecto un diálogo sosegado, respetuoso y constructivo que a la postre desemboque en el entendimiento para la preservación de la paz social y el desarrollo integral y sostenible de nuestro país.

La realidad ha acabado por demostrar que en todos esos años, a base de esfuerzos titánicos y de sacrificios de gran calado, Guinea Ecuatorial ha logrado establecer esa paz social -tan anhelada en otras latitudes- que es sin duda el baluarte del desarrollo institucional y económico del que actualmente disfrutan los ciudadanos ecuatoguineanos de toda clase y condición, el cual no tiene parangón en todo el Continente Negro. Todo ello -¡es justo y decente reconocerlo sin ambages!- bajo la tutela indeleble del presidente Obiang Nguema Mbasogo.

Ante una situación como la que se nos presenta, con la Mesa de Diálogo Nacional como telón de fondo, sobran esfuerzos para reiterar nuestra obligación y deber moral a ser cautos y nada ingenuos ante posibles troleros, alborotadores y encantadores de serpientes: vendedores, al fin y al cabo, de sueños irrealizables y muy capaces ellos de arrebatarnos nuestro bien más preciado: La paz social.

Las democracias de verdad se nutren del diálogo y el consenso, donde prevalecen las decisiones de las mayorías, absolutas o simples. De ahí que a todas luces carecería de lógica democrática el hecho de que un minúsculo grupo -casi marginal- de personas cuya trayectoria política adolece de arraigo en el país, al encontrarse a miles de kilómetros de distancia de nuestra realidad social, pretendieran ahora ellas imponer sus criterios etéreos y carentes de consistencia, a una inmensa mayoría democrática distribuida en los distintos partidos políticos con raigambre nacional; quienes evidentemente han propiciado un clima adecuado para generar acuerdos que han hecho de la República de Guinea Ecuatorial lo que es en la actualidad: ¡Un país pacífico, libre y próspero!

Si los que vienen -de la diáspora- son de noble cartel democrático, es decir, actores políticos con voluntad de dialogar para llegar al buen puerto institucional, y respetan sin tapujos las reglas del juego -establecidas en nuestra Ley de Leyes- para el ejercicio de la praxis democrática, todos brindaremos por la paz y el progreso de nuestro Pueblo. Si, por el contrario, existe gato encerrado en sus acciones, sepa el mundo que el aluvión no conseguirá desvestirnos y dejarnos en paños menores, pues por sus propios actos se delatarán. ¡El algodón no engaña!