Don Severo, el tonto que nunca fue útil: de entidad precaria en lo personal, siniestro total como gestor.

 En pleno siglo XXI, hablar de una “colonización perfecta” en algún país de África tiempos ha, lo cual ha ocurrido recientemente, resulta ser una soberana memez sólo propia de una mente desencajada y perversa, incapaz ella de escudriñar los recovecos más recónditos de la realidad histórica africana tal cual es desde sus inicios, dada su ignorancia exorbitante en la materia que pudiera rebasar los parámetros mismos de lo imaginable. Lo cual es un despropósito y una aberración en toda regla cuando menos.

 

Si parlotear sólo porque sí resulta ya por tal motivo bochornoso y chirriante a los oídos del respetable, hacerlo con la intención turbia y mezquina de obtener quién sabe qué réditos propios, mediante argucias fraudulentas en forma de inventivas sin fundamento ni base, evidentemente coloca al que así actúa a la altura del betún y por ende desmerece semejante individuo la más mínima credibilidad en todo lo que haga o diga.

 

Es un insulto descarado a la inteligencia de la generalidad de africanos y africanas, insinuar que después de las atrocidades perpetradas por el sistema colonial en África durante siglos, algún africano o africana con dos dedos de frente, a fecha de 2018 sueñe si quiera con volver a una época sórdida que sólo significó sufrimientos y miserias para sus antepasados. Sobre todo, si se tiene en cuenta que de aquellos polvos los actuales lodos con visos claros de conflictos endémicos en numerosos pueblos y países del continente.

 

Extrañamente, a fecha de hoy, algunos continúan creyendo en la “minoría de edad” del negro así como en su supuesta “mediocridad intelectual” para crear y desarrollar actividades capaces de mejorar su propio entorno vital en el continente; y de ahí su contumacia en considerar a África como un lugar estanco en todos los sentidos, donde no parece haber señal alguna que vislumbre un desarrollo integral y sostenible a corto o mediano plazo.

 

Para algunos foráneos, la situación del continente es a menudo vista única y exclusivamente bajo la prisma de flujos migratorios Sur-Norte: Oleada de jóvenes africanos de ambos sexos en busca de una vida mejor más allá de las fronteras del continente. ¡Craso error!

 

Resulta evidente que aún queda mucho por hacer en relación al desarrollo integral y sostenible de África, sin embargo, lo que se ha hecho y se está haciendo día a día a lo largo y ancho del continente en esa dirección, gracias a las sabias directrices y orientaciones de líderes políticos africanos de cada Estado o Nación, exige un reconocimiento pleno y sin tapujos por parte de instituciones internacionales del mundo mundial.

 

Puede que sea asumible, hasta lógico, que alguien venido de fuera del continente exprese su añoranza respecto del sistema colonial de otros tiempos, al fin y al cabo, muchos de sus ancestros vivieron a cuerpo de rey en estas tierras africanas durante centurias, hasta hacerse inmensamente ricos muchos de ellos al igual que lo han sido sus países y ciudades, gracias a aquellos “bienes mal adquiridos” en África, aplicando la ley del mínimo esfuerzo, por supuesto.

 

Sin embargo, lo que ya raya la locura misma y la esquizofrenia en su grado álgido, y que a mí se me hace cuesta arriba digerir, es que un africano presumiblemente de pura cepa nos salga ahora esbozando como si tal cosa los delirios sobre sus anhelos porque África vuelva a ser carne de la colonización occidental como antaño. ¿Locura transitoria, pérdida de papeles,...? A decir verdad, no logro entender el secreto ni mucho menos dónde está el truco.


LOABLE PREDILECCIÓN AQUELLA QUE OPTA POR LA LECTURA, CAUSANTE EN TODO CASO DE LA HONDA COMPLACENCIA PERSONAL RESULTANTE DE ELLA.

EL OSCURANTISMO en los individuos humanos es un mal endémico de tamaño mayor, por cierto, ¡remediable con leer a menudo!; reconfortante aspiración que puede verse satisfecha con creces con sólo dedicándole a diario un puñado de minutos a la lectura, está al alcance sólo de aquellos privilegiados con una dosis considerable de fuerza de voluntad y entusiasmo.

 

Una impericia de las de la dimensión de un templo pudiera ser presumir de no haber leído un solo libro en la vida, aseveración bastante común entre gentes de mentes ligeras quienes, para el colmo de la desfachatez, van por esos mundos de Dios dándoselas de sabedoras de todo no siéndolo absolutamente de nada.  

 

Fomentar el amor y la afición por la lectura en la comunidad, es una labor que además de cívica y altruista le honra a todo ser humano capaz de tal menester, siendo verdad, como no pudiera serlo de otra manera, eso de que pocas cosas hay que le aprovechan a un Pueblo o Nación como una ciudadanía ávida del cultivo de su propio intelecto, por el que pueda permitirse estar a la altura de cualquier circunstancia dentro de la Aldea Global. De ahí la sensatez de aquella frase acuñada por alguien con exquisito sentido de responsabilidad y gran altura de miras: “Vale más un pueblo culto que un pueblo rico”. 

 

Por razones más que evidentes, predomina la obsolescencia entre aquellos profesionales que consideran que el hecho de estar en posesión de una titulación académica les exime de la obligación sagrada de leer con regularidad para de esta guisa estar al día de los conocimientos renovados de cualquier índole. Éstos constituyen un caldo de cultivo creador de analfabetos funcionales, en todo caso incapaces de adaptarse a las actualizaciones que les permitan un ejercicio óptimo de su propia profesión u oficio.

 

No es lo mismo tener una cultura que ser culto. Se es acreedor a una cultura por nacer en un entorno social con elementos tradicionales inherentes que no precisan de aprendizaje alguno para su obtención y disfrute; mientras que se es culto merced a la adquisición de unos conocimientos (académicos) derivados del esfuerzo y la voluntad de adquirirlos, con miras al mejor desenvolvimiento en el espacio natural compartido.

 

La tradición oral nunca fue garantía alguna para la preservación fehaciente de la cultura y la historia en sus elementos más genuinos. Toda cultura que carece de escritura está condenada a ser fagocitada tarde o temprano, por otras culturas con archivos creados mediante negro sobre blanco. En el mejor de los casos la cultura simplemente oral acaba siendo viciada por elementos ajenos a ella, terminando por perder lo netamente esencial y genuina de ella misma.

 

Para evitar semejante despropósito, los encargados de preservar la cultura africana en cada país o comunidad están obligados a crear mecanismos que posibiliten la conservación por escrito de todos los elementos culturales existentes mediante un análisis pormenorizado para las futuras generaciones de África.

 

El tantas veces recurrente dicho que sostiene que “En África cuando muere un anciano es toda una biblioteca que desaparece con él” resulta irrelevante cuando no radicalmente inapropiado a la hora hacer planteamientos académicos rigurosos y sensatos, al no existir dentro de ningún grupo humano especie de ciencia infusa consistente en el conocimiento no adquirido mediante el estudio, sino atribuido a factores sobrenaturales o mágicos. En la actualidad, en África las investigaciones científicas realizadas por profesionales africanos rebasan lo meramente mágico y ceremonial.


NI ELLOS NI SUS AFINES EN ABSOLUTO FUERON PATRIOTAS DE PRO

Mostrarse exultantes y ufanos hasta convertirse en cómplices necesarios en la comisión de hechos deleznables, ante atrocidades con claros visos de una invasión mercenaria en toda regla contra el noble y pacífico Pueblo de Guinea Ecuatorial siento ciudadanos naturales, resulta cuando menos aterrador, sobre todo viniendo de aquellos que a menudo se jactan de que por sus venas fluye sangre ecuatoguineana, razón por la cual por encima del bien y del mal, juran y perjuran estar dispuestos a renunciar a todo y ofrecer lo mejor de sí mismos para mayor gloria de la tierra heredada de sus ancestros:  ¡Guinea Ecuatorial!

 

Es un acto de cinismo manifiesto el hecho de que algunos hijos de Guinea Ecuatorial, ocasionalmente cegados por la avidez desmedida que en esta ocasión han dejado aflorar tener por el Poder y el dinero, se hayan optado en consecuencia por asociarse con bárbaros y pendencieros desalmados que por un puñado de dólares o similares están dispuestos a acabar con nuestro Pueblo aniquilando inmisericorde una inmensa mayoría de su ciudadanía. A éstos ni tan siquiera se les ha ocurrido pensar en el riesgo eminente que todo ello encierra para la pervivencia de sus propios familiares, amistades y allegados que viven en el país y que pudieran convertirse, si por desgracia tuviera éxito su perversa estratagema, en potenciales víctimas colaterales de la barbarie asesina.

 

Por si quedara algún ecuatoguineano rezagado dentro o fuera del país, que se dejase convencer de que susodichos actos vandálicos fueran a traer algo mejor de lo que en el país ya hay o que con él no va la cosa, es de obligada necesidad informarle de que una trifulca mercenaria en Guinea Ecuatorial no se limitaría al infortunio personal del Presidente de la República, su familia o el entorno más próximo a él sino que de modo inexorable acabaría también con todo lo que a fecha de 2018 se ha conseguido con tamaño esfuerzo y contribución de los patriotas de pro: ¡LA PAZ SOCIAL!, que es condición sine qua non para el desarrollo socioeconómico de todo Estado o Nación que se precie.

 

No revelo nada nuevo al denotar que un país en guerra jamás fue un paradigma para ningún otro en materia de desarrollo socioeconómico ni muchísimo menos un remanso de paz para nadie, ni si quiera para aquellos que, con tal de arrimar el ascua a su sardina, están dispuestos a alterar a toda costa el curso normal de los acontecimientos y por ende sembrar en las propias entrañas de Guinea Ecuatorial el desorden y el caos más absolutos.

 

Libia, República Centroafricana, Somalia o Sudán del Sur, entre otros países dentro del continente, son ejemplos crudos de aquellos Estados al borde de un irremediable descalabro institucional, donde los taumaturgos de la trola y del enredo una vez vendieron ilusión y fantasía, pero los resultados sólo fueron la devastación y la miseria humana, y el remedio resultó ser peor que la enfermedad. Sin embargo, son países que en su momento llegaron a conseguir después de esfuerzos titánicos un desarrollo socioeconómico francamente encomiable. Éstos a fecha de hoy, por desgracia, están peor que estaban cuando supuestamente eran gobernados por “Dictadores” y “Tiranos” deshumanizados.

 


ÁFRICA: MÚSICA Y COLOR, FASCINACIÓN Y OPTIMISMO

El hombre y la mujer africanos se caracterizan por su relación estrecha con la música y el color como formas de expresión viva y manifiesta, cualidades que expresan su fascinación y el optimismo ante las adversidades, así como su peculiar manera de ser y de disfrutar en el entorno social en que viven desarrollándose como personas, individuos o colectividad.

 

En tal sentido, la alegría de vivir y el anhelo perenne por escudriñar el lado óptimo de las cosas siempre esbozando el ritmo de una canción o una sonrisa espontánea y diáfana, constituyen, ¡qué duda cabe!, la fuerza motriz que a lo largo de la historia ha ido forjando lo que en la actualidad constituye la idiosincrasia africana en toda su plenitud y arraigo.

 

Afrontar las adversidades viendo en ellas no fracasos estrepitosos sino nuevos retos a los que hay que superar inexorablemente hacia un futuro prometedor y halagüeño da sentido a lo que pudiera interpretarse como el secreto de un Pueblo -el Pueblo africano- tan acostumbrado a la lucha por su propia pervivencia desde el amanecer de los tiempos.

 

En circunstancias aludidas, la música y el color son elementos ambos dos que, como el ADN en la estructura intrínseca y constitutiva de los seres, han dado sentido y perspectiva en el desempeño de cualquier actividad a la que el individuo africano a diario haya tenido que adoptar para sacar a relucir su capacidad de superación.

 

Sólo así puede explicarse el que los africanos de uno u otro sexo lograsen sobreponerse tras las etapas más lúgubres de su historia común consistentes en la horripilante esclavitud primero y en el colonialismo despiadado posteriormente, que tras de sí dejaron una estela sórdida en forma de miserias y desajustes históricos.

 

Por si no fuera ya suficiente lo dicho, África mediante su personal indígena también ha contribuido en el progreso de otras partes del mundo, propiciando a favor de éstas un aporte nada desdeñable, como mano de obra barata (esclavos o “trata de negros” y colonizados explotados), la cultura y las artes en sus múltiples modalidades exportadas todas ellas desde el Continente Negro hacia pueblos y países dejando en ellos una impronta muy difícil de soslayar, mientras que ella misma permanecía lánguida y esquilmada, casi en situación meramente marginal, contemplando impotente el desarrollo integral y sostenible de otros Pueblos y Naciones a lo largo y ancho del planeta tierra.

 

En el entorno del individuo africano la música y el color forman parte de una fuente de inspiración de la que éste se nutre para soñar, pensar, crear…, en total para todo. Y a la hora de valorar esos elementos él procura hacerlo sin limitarse a escuchar y contemplar para el disfrute ocasional y personal desde la distancia, más bien los asume como partes integrantes de su ser y a las que atribuye una connotación prácticamente mágica. Para él éstas son una realidad real que no virtual a la que puede experimentar, oler y vivirla como nadie en su privacidad o en colectividad.

 

A diferencia de otras partes del mundo, la música y el color en África son algo que trasciende lo meramente ceremonial y artístico para alcanzar una dimensión que define y da sentido al hecho vinculante e ineludible de ser africano o africana, a su idiosincrasia en su sentido más puro, estricto y definitorio.


GUINEA ECUATORIAL: UNA QUE LLEGÓ NO SIENDO NADA, HA ACABADO SIÉNDOLO TODO POR MÉRITOS PROPIOS